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El Ignacio de Cantabria. Primera parte

El Ignacio de Cantabria
Primera parte1

Pilar Aja
UIA
ajapili@hotmail.com

s.amarilloa.19.jpgan Ignacio de Loyola fue al inicio de su vida caballero y sobresalió en el ejercicio de las armas, cuyo derecho había adquirido  en 1519. Sin embargo, en las representaciones que se hacen de este personaje, generalmente no se retrata su hidalguía, ya que como él mismo narra en su Autobiografía, esta época fue “de vanidades del mundo”.2
     La imagen  de san Ignacio como caballero contradice la austeridad que caracterizará al santo y a la Compañía de Jesús, por tal motivo son mucho más extendidas las representaciones de su apostolado y servicio, y especialmente predominan  aquellas en las que aparece vestido con sotana negra y con la cabeza calva o el birrete de cuatro vértices. La indumentaria, generalmente, se utiliza en la construcción  retórica de su figura como recurso de renuncia material y símbolo de crecimiento espiritual.
     Llama la atención un grabado de El Ignacio de Cantabria. Primera parte, perteneciente a la Biblioteca JAPS, en el que san Ignacio aparece vestido de caballero.3  El libro de Pedro de Oña, poeta chileno, es una hagiografía de san Ignacio compuesta en 10 000 versos, que data de 1639. Lo divide en 12 partes y cada una se abre con una estampa; es el libro cuarto el que muestra esta imagen particular.
     Quizá en el caso de Pedro de Oña son su propio origen, hijo de militar, y el carácter épico de su poesía, lo que hace que aparezca esta imagen de san Ignacio. Tellechea Idígoras narra la primera vez que sonó en los oídos de Iñigo, de los labios de un monarca, “la frase mágica de leal vasallo, perfecto caballero”.4 Esto era miel para sus oídos en su juventud temprana. Precisamente eran los libros de caballería los que más llamaban su atención: “luchas, torneos, hazañas famosas, gloria [….] se identificaba con el brillo, con el reflejo soñado de sí mismo en los demás”.5 Y durante la época en que intentó pertenecer a la corte, sus atavíos iban de acuerdo al estatus que pretendía alcanzar:

El Corregidor  acumula  auténticas pinceladas brillantes sobre la estampa pública  del pequeño Loyola cortesano, describiéndolo con armas, capa abierta y cabello largo hasta los hombros, con vestidos multicolores a cuadros, con su birreta roja –distintivo de los Oñaz–, con su espada al cinto, con loriga y coraza, empuñando ballestas y mojando el pincel en tintas más sombrías añade que se mezclaba en asuntos seculares, con escasa decencia  clerical en su vestir y peor aún en sus costumbres.6

En las hagiografías  pictóricas de san Ignacio, uno de los episodios más referidos de su época de caballero fue cuando en 1521 se dirigió  a Pamplona para reforzar la ciudadela, ya que ahí fue herido en una pierna, lo cual significó el inicio de su transformación interior. En esta escena en particular, la majestuosidad del atuendo de caballero se ve minimizada para darle mayor prioridad a la narración de su herida de guerra, que marcó el fin de su vida caballeresca y cortesana.7

7 Esta escena no puede faltar en los grabados que acompañan la ilustración de la Vita Beati P. Ignatii Loiolae Societatis Iesu Fundatoris. Así es como llegó la escena a los ciclos novohispanos de la vida de san Ignacio, como es el caso de Tepotzotlán o Querétaro [ver tesis de maestría en estudios de arte de Verónica  Zaragoza  Reyes. Vida de San Ignacio de Loyola (1757): serie pictórica de la Casa Profesa de México: estudio y catálogo, Universidad Iberoamericana, 2012, p. 150-153]

 

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1 Oña, Pedro de, El Ignacio de Cantabria: 1era parte, Sevilla: Francisco de Lyra,
1639. Llama la atención el título ya que se sabe que el lugar de origen de san Ignacio fue Azpeitia, en Guipúzcoa. A lo largo del texto, el poeta se refiere muchas veces al santo como cántabro, a pesar
de que en los registros de los lugares por los que pasó san Ignacio en las biografías oficiales no se hace referencia a este lugar. Las autonomías españolas se instituyeron posteriormente y tanto la
Cordillera Cantábrica como el Mar Cantábrico son la frontera norte de la Península Ibérica. El poeta también alude a san Ignacio como el vizcaíno
en algunos versos, reafirmando su origen vasco.


2 Josep  María  S. J. Rambla Blanch, El Peregrino. Autobiografía de San Ignacio de Loyola, Bilbao- Santander: Mensajero-Sal Terrae, 2011, p. 22.



3 Agradezco al doctor Alberto Soto Cortés su apoyo para encontrar la imagen.


4 José Ignacio Tellechea Idígoras, Ignacio de Loyola solo y a pie, Salamanca: Ediciones Sígueme, 2013, p. 65.

5 Ibid, p. 67.

6 Ibid, p. 69.

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