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Desde la pasión crítica: Los signos mutantes del laberinto, de Rafael Acosta de Arriba

Desde la pasión crítica:

Los signos mutantes del

laberinto, de Rafael Acosta de Arriba
María de los Ángeles Pereira Perera
Universidad de La Habana, Cuba

mpiedra@cubarte.cult.cu

fig.1.A-rosa.jpgfinales de 2010, en la Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez —la Casa de México en La Habana— se presentó el libro Los signos mutantes del laberinto, de Rafael Acosta de Arriba, una iniciativa del sello editorial del Instituto Cubano de Investigaación Cultural “Juan Marinello”, que vino a cubrir una carencia muy seria de la producción  editorial cubana. Se trata, en efecto, del primer libro publicado en la Isla sobre Octavio Paz, el insigne poeta y ensayista mexicano. Con anterioridad, algunos ensayos del propio autor y de otros investigadores como Enrique Saínz y Jorge Fornet, más una crítica de Cintio Vitier sobre el poemario La estación violenta (1959) y algunas entrevistas, era todo lo que existía publicado en Cuba sobre el nobel mexicano. Se trata, pues, de un libro de capital interés, que satisface viejas demandas.

     Al escoger como eje temático la ensayística de Octavio Paz dedicada a la crítica de arte, Acosta de Arriba ilumina con rigor analítico la zona probablemente menos explorada de la vasta obra de quien  es, sin lugar a dudas, uno de los autores de habla hispana más (re)visitados por los estudiosos de la literatura y el arte latinoamericanos. De modo que es un libro de inapreciable  valor, en especial para filólogos, historiadores del arte, escritores, artistas y humanistas en general, interesados en examinar y aquilatar la monumental aportación de un pensador que —anclado en su condición de latinoamericano—  realizó una invaluable contribución a la cultura hispánica, desde el justo reconocimiento de su orgánica pertenen- cia a la cultura occidental.

     El autor de Los signos mutantes del laberinto ingenió una estructura expositiva que le permite exponer y argumentar in extenso sus agudos puntos de vista sobre cada una de las pautas de la ensayística de Paz, al tiempo  que consigue  insertar, en ese recorrido, la atinada revisión crítica de las luces que en su comprensión han aportado los más importante exegetas del destacado intelectual.

     Debo acotar que, aun para los más acérrimos críticos del mexicano, Acosta de Arriba reserva una nota en las páginas finales de su libro, reconociendo determinados aspectos atendibles,  incluso en el quehacer de algún que otro autor que se sirviera del ataque al Octavio Paz canonizado” para tratar de obtener visibilidad pública. Por ello, me atrevo a recomendar a los lectores, y muy particularmente a los jóvenes investigadores y críticos, que asuman la propuesta de este autor como un modelo, no sólo de rigor analítico sino también de inquebrantable eticidad. Y es que, en los tiempos que corren, no sobra recordar que todo diálogo intenso, polémico y controversial (como se define el que entabló el propio Paz) está obligado a alcanzar la estatura moral que refrenda su pertinencia y utilidad.

     A los febriles estudiosos  del surrealismo y a los amantes de la inspiradora iconoclasia de Marcel Duchamp, les sugiero esos dos capítulos medulares del libro, dedicados, uno, al

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