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El museo, espacio de encuentro y aprendizaje

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Adam Weisman, Familia ante “El Pensador” en el Museo Soumaya, Plaza CARSO (foto: cortesía Museo Soumaya).

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3 “Muchos profesores no están familiarizados con las formas en que se pueden utilizar los objetos [de un museo] durante el proceso de aprendizaje”, señala Hooper–Greenhill y sugiere comunicara los maestros, claramente, las herramientas educativas del museo para que, a su vez, ellos sirvan como mediadores y promotores entre los estudiantes, grupo de visitantes con mayor volumen. Eilean Hooper-Greenhill, Los museos y sus visitantes, Girón, Trea, 1994, p. 144.


4En este sentido, resulta de particular interés el libro de Nina Simon, The Participatory Museum, San Francisco, Museum zo,2010.



5 Learning in the Museum, de George E. Hein resultará interesante para quien desee ahondar en el tema, pues realiza un desglose de las principales metodologías de enseñanza-aprendizaje y su reflejo en el museo. Asimismo, plantea que es constructivismo es la meta a alcanzar por los especialistas en educación del museo.

  tribuye a la democratización del saber. Pero el hecho de que las puertas estén abiertas no necesariamente  implica que ese conocimiento sea accesible o del interés  del visitante, ni mucho menos que se esté llevando a cabo un proceso de aprendizaje en su interior. Lo mismo ocurre con una biblioteca. A fin de pasar de ser repositorios del conocimiento  a entornos  propicios  para el aprendizaje,  museos,  bibliotecas,  zoológicos,  centros  de arte o de ciencia e instituciones similares deben generar estrategias efectivas que comuniquen sus posibilidades de uso y propicien una amplia gama de experiencias satisfactorias en sus visitantes, para que éstos se conviertan,  no sólo en usuarios sino en participantes de su crecimiento, puesto  que ambos  son organismos  vivos, activos y cambiantes.3

     Este artículo revisa y propone algunos lineamientos generales y estrategias que pueden llevarse a cabo en los museos, en particular en los de arte, con independencia de las políticas públicas que existen en materia de educación que, por lo general, se concentran en las escuelas. En cierta medida, los museos pueden beneficiarse de esta marginación ya que tienen mayor libertad de acción y flexibilidad para explorar las nuevas teorías educativas, aun antes de que éstas se generalicen en las escuelas.

     Por otro lado,  su implementación  exitosa depende  mucho más de la formación y la creatividad de los equipos de comunicación y educación de los museos, de la apertura de los directivos e, incluso, del compromiso y la participación4   de la comunidad y los visitantes que de los recursos materiales y económicos con que cuente cada institución.

Espacios de aprendizaje: escuelas y museos

Prácticamente, desde su nacimiento, la educación ha formado parte de las responsabilidades sociales del museo; sin embargo, su materialización en programas y actividades para el público ha variado,  siempre de la mano de las teorías educativas.5   De ahí que en los enunciados de la misión de la mayoría de los museos, durante las décadas de los ochenta y noventa, se hablara de la investigación, conservación y difusión de las colecciones y que, actualmente, la atención se centre en el concepto de aprendizaje significativo, propio de las teorías constructivistas.  La mayor  parte de las teorías actuales  de educación contradice formulaciones centradas en la divulgación enciclopédica del saber para concentrarse en cambio en el desarrollo de habilidades y competencias.

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