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Artículos Temáticos

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El museo, espacio de encuentro y aprendizaje

     Los ritos iniciáticos son ceremonias de transformación. A partir de una celebración colectiva, el participante del ritual sufre una alteración simbólica: los jóvenes que ingresan a una iglesia para casarse entran como solteros y salen convertidos en esposos; el niño que inicia una serie de pruebas para demostrar  sus habilidades ante su comunidad,  termina convertido en un adulto. Los sentidos se alertan y se arriba a un nuevo estado de conciencia, más pleno y estimulante.

     La experiencia en un museo puede llegar a ser también reveladora. Más allá de las estrategias eminentemente  rituales que podrían llevarse a cabo en un recinto museístico, como la representación de un performance, el solo contacto con las piezas puede  ser suficiente para conmover  al visitante y llevarlo a un cambio de conciencia, para lograr una crisis y una acción restauradora, pasos del Proceso ritual (1969), según el antropólogo Victor Turner.

     En su libro Pictures and Tears, James Elkins cuenta las historias de quienes han sido movidos hasta las lágrimas o al recogimiento por las más diversas obras de arte. El asombro  y la maravilla que éstas provocan pueden transfigurar el estado de conciencia.

     La experiencia estética tiene vastos paralelismos con la experiencia de arrobo místico. A través del contacto con las piezas, los sentidos, la creatividad y la mente se estimulan. El arte tiene el poder de conmover a sus espectadores (o debería llamarlos, interlocutores), de reflejarlos y enseñarles más sobre sí mismos y los otros.

     Asimismo,  el rito  es piedra angular  en la construcción  de una comunidad. Es un hecho colectivo que da a sus participantes un sentido de pertenencia y orgullo. Lo mismo ocurre con un museo,  en particular,  uno que esté abierto al diálogo y a la participación de su público, no sólo en la interpretación de sus contenidos sino en el despliegue de sus discursos, como se puede entender a partir de la lectura de The Partipatory Museum, de Nina Simon.

     En este punto, la experiencia de un museo y la conformación de una historia colectiva se compenetran. Sullivan señala:

Museums are ritual places  in which societies make visible what they value. Through the selection and preservation of artifacts, specimens, and documents,  museums begin to define for their societies what is consequential, valuable, and suitable as evidence of the past. Through their presentation and interpretation of this evidence, museums define not only what is memorable but also how it is to be remembered.25

     La primera visita es una semilla que desea echar raíces en sus visitantes, para que vuelvan y se vinculen  con él, para que la experiencia  se transforme en aprendizaje y crecimiento y que el museo se convierta en un punto de referencia para la comunidad.

     De modo que, más allá del espacio  físico, el museo es un entorno simbólico en el cual el visitante se ve reflejado y se confronta. Genera comunidad, pues es un espacio para el diálogo y el intercambio de ideas con mediadores, otros visitantes y también con los ausentes; los artistas que pueblan su memoria y lo conmueven y transforman; que hablan de su pasado, pero también de su presente e incluso lo invitan a proyectar el futuro.

     Son entornos estimulantes para el aprendizaje que invitan a la reflexión y a la acción social. En un museo atractivo, accesible y significativo, sus visitantes son participantes de un organismo que, como ellos, cambia y se transforma. Muchos rituales tienen un carácter festivo,  pues son una bienvenida, un estrechar  los brazos en torno a nuevos miembros.

¡Bienvenidos!

 

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25 Robert Sullivan,“Evaluating the Ethics and Consciences of Museums”,en Gail Anderson,Reinventing the Museum,Lanham, Altamira Press, 2004, pp. 256-257.

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