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Vivir juntos en la escuela: problemas éticos y pedagógicos

Anna Pagés Santacana

Profesora titular de Filosofía de la Educación Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación-Blanquerna Universidad Ramon Llull Barcelona, España

Este artículo plantea un problema creciente en los centros educativos de Europa, definido habitualmente como “clima escolar” o “convivencia en la escuela”. Resulta difícil orientar una posible solución a este fenómeno si no se describe y analiza lo que está en la base de la violencia escolar: la ética como una interrogante que da que pensar. ¿Cuál sería la interrogante de la ética en un mundo globalizado, en una “sociedad líquida”? La interrogante por la presencia del Otro que nos interpela y con el cual debemos vivir: ¿cómo vivir juntos? En la escuela se trata de implementar menos programas destinados a desarrollar las habilidades sociales y, en cambio, crear más espacios para la conversación y la experiencia con el Otro, experiencia que pasa por la vivencia de la responsabilidad. Si la escuela no recrea un “modo de vivir” como acontecimiento que permita superar el individualismo social, aunque sea a muy pequeña escala, no habrá transformación posible en los centros educativos. Se trata de reconstituir un vínculo con el Otro, hacerlo visible y factible. La escuela debe luchar por esa reconstitución y no ceder. Ése es el gran reto ético —es decir, educativo— del momento actual: cómo sustituir la base de datos y la técnica del experto por una charla improvisada en un lugar agradable.

 

Imaginar alternativas

En este artículo vamos a plantear un tema difícil e inquietante, sobre el cual se han escrito muchos informes, llenado dosieres especializados y elaborado múltiples monográficos. No se trata de un tema nuevo, por lo menos en Cataluña, del que no se haya hablado en el pasado inmediato. Sin embargo, es un problema de connotaciones un poco gastadas, traducido habitualmente por expresiones del tipo “clima escolar”, “convivencia”, pero también “violencia escolar”, “bullying” o “procesos de victimización” para cuestiones más o menos similares derivadas

 

de una idéntica dificultad. ¿Cuál es esa dificultad? ¿En qué consiste? Últimamente se ha empezado a traducir una expresión procedente de Estados Unidos, “safe schools” introduciendo el significante “seguridad escolar”. Sin embargo, no es la seguridad lo que está en juego: es el estar con los otros en un mismo lugar, estar para conversar, estar para jugar, estar para discutir, estar para escuchar, estar para descubrir... incluso para aburrirse.

    ¿Por qué vía se define este problema? Podríamos decir que, de la misma manera que cada estilo educativo se orienta hacia unos determinados ideales,

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Didac 51 / Primavera 2008

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