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La historia como herramienta educativa en la creación de una cultura escolar de convivencia pacífica

Introducción

La violencia es un fenómeno social complejo que ha tenido consecuencias de gran impacto a lo largo de la historia. Durante el siglo xx y lo que va del xxi, la humanidad ha presenciado episodios de vio- lencia a gran escala. Su legado ha afectado el tejido social alterando la vida diaria de individuos, comuni- dades y sociedades enteras. Históricamente, México también ha experimentado distintos episodios de re- presión y violencia. La masacre estudiantil de 1968, la Guerra Sucia, los feminicidios en diferentes estados, las desapariciones y más recientemente la violencia asociada con el narcotráfico son tan solo algunos ejemplos. En la mayoría de las situaciones de violencia, no se han dado procesos profundos, amplios y comprehensivos de reparación, reconci- liación y sanación. Con frecuencia, dichos episodios son censurados, ignorados, o presentados desde una sola perspectiva.

  La violencia y su falta de atención se ha visto expresada en las escuelas. Este artículo parte de la premisa de que educar con valores permite resanar y restablecer el tejido social en y desde la escuela, pues la escuela se inserta en un entorno comunita- rio y social particular. Mediante la creación de una cultura de convivencia pacífica en cuyo centro se encuentra el eje transversal de la historia, la escuela puede constituirse en un actor social clave en la medida en que ejerce funciones esenciales: cívica y formativa. Así, la escuela incide sobre el tipo de relaciones inter-personales, sobre los valores que sub- yacen las conductas cotidianas, sobre los mecanis- mos de resolución de conflictos. La enseñanza de la historia con ciudadanía, interculturalidad y éti- ca permite crear una cultura escolar de convivencia pacífica.

  La escuela mexicana ante la necesidad de una educación para la convivencia pacífica De acuerdo con las causas y expresiones de la violencia en cada país, se han adoptado diversos enfoques para intervenir, por ejemplo, enfoques centrados en la seguridad, la legislación o la salud pública. También se han desarrollado programas

 

educativos que buscan, por un lado generar climas adecuados para el aprendizaje y el desarrollo integral de los estudiantes, y por otro lado, propuestas que reconocen que la convivencia es un aprendizaje en sí mismo y tiene un impacto profundo en la vida futura de los estudiantes. Bajo esta premisa, se han diseñado modelos educativos que promueven el de- sarrollo de competencias y aprendizajes cognitivos y socio-emocionales enfocados a un tipo de convi- vencia deseable en cada país.

   Según las reflexiones presentadas por Alfredo Furlán y Terry Carol Spitzer (2013: 21-38), en la presentación del Estado del Conocimiento Convivencia, Disciplina y Violencia en las Escuelas 2002- 2011, existe una preocupación pedagógica por profundizar nuestro conocimiento en relación al concepto de convivencia y su papel en el ámbito educativo.

  Estos autores sugieren que la convivencia entre las personas puede representar una forma aprendida de estar con “otros” con respeto y tolerancia. Sin embargo, también encontramos prácticas de convivencia violenta que se aprenden en el contexto escolar por diferentes circunstancias. Y la necesidad de lograr una convivencia pacífica y agradable en las escuelas no es algo que se dé por sí solo sino que requiere de una intervención intencionada por par- te de sus actores, en particular las autoridades edu- cativas.

   Así, aun cuando la violencia rodea y permea la escuela, esta puede ser un “espacio seguro” que se inserta en una cultura de convivencia pacífica. Dado que el tipo de convivencia que caracteriza a la cultura escolar impacta el aprendizaje, el desarrollo de las personas, las relaciones e intercambios inter-persona- les, la construcción de identidades, el sentido de pertenencia a la escuela y las culturas de referencia.

   La convivencia pacífica se expresa en dos dimensiones centrales: convivencia inclusiva y convivencia democrática. Retomando a Booth y Ainscow (2004: 9), Fierro Evans señala que la primera significa apoyar y asumir la diversidad de todos los alumnos, de ahí que su meta sea eliminar la exclusión social que se deriva de actitudes y respuestas a la diversidad

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Yael Siman Druker y Martha Patricia Chicharro Gutiérrez. Didac 67 (2016): 10-18

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