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La "amplificatio" en el género epidíctico del siglo XVI

 Artículo recibido: 24-06-2014                                               Artículo aceptado: 09-09-14

 

INTRODUCCIÓN

 

Para el siglo XVI ya no se realizan juicios legales a la manera antigua, por ello la narración se tematiza con respecto al género epidíctico.4 Además, los primeros manuales de cómo escribir historia son de esta época, y el género histórico se caracteriza como una variante del epidíctico.5 La historia es vista como un relato para juzgar moralmente las acciones pasadas. Por esto, la cualidad de brevedad de la narratio se abandona en estas obras, y se sustituye por la narración desmembrada basada en la amplicatio. En consecuencia, el relato histórico es más extenso que el relato judicial.

Teniendo en cuenta estos aspectos de los autores señalados, se encuentra fundamento para no separar el género epidíctico del que venimos hablando de la persuasión en sí misma considerada [el judicial]. Porque ‘enseñar’ ¿qué es sino mantener en pie unos valores, sean los que fueren, que son compartidos por la mayoría y que, en principio, se exponen para mantener vigilante su adhesión en una determinada comunidad? Así como en la deliberación y en el juicio estos valores son un medio para perseguir un fin concreto, en la demostración [epidíctico] estos son indudablemente, el fin que se persigue. No es extraño, pues, que Miguel Salinas considere el discurso demostrativo como muy recomendable entrenamiento para los restantes géneros.6

 

4 “En definitiva, todo el discurso gira en torno a esta parte de la narración (o a estas dos partes) que es clave en el género demostrativo [o epidíctico]. Como el género judicial ya no goza del interés que tuvo en la época clásica, su espacio será ocupado por el demostrativo, siendo llenada la casilla del deliberativo principalmente, como ya vimos, por la oratoria sagrada”. Luis Alburquerque García, El arte de hablar en público. Seis retóricas famosas del siglo XVI, p. 65.

5 De la retórica clásica a la Medieval y Renacentista se dan los siguiente cambios: “...durante la Edad Media se fueron ramificando y diversificando en otras disciplinas especiales: un Ars Dictaminis, arte de escribir cartas, y un Ars Predicandi. Al llegar el Renacimiento ambas se transformaron, en cuanto buscan nuevas raíces en la oratoria clásica, pero continúan como disciplinas retóricas. A estas dos va a añadirse en el Renacimiento el arte de escribir la Historia, que sobrevivirá hasta que la Historia se convierta en una ciencia de tipo experimental”. Luisa López Grigera, La retórica en la España del Siglo de Oro, p. 25.

6 Alburquerque García, El arte de hablar…, op. cit., pp. 39-40.

 

106 / Alfonso Mendiola

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