Expediente

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Las cartas de los jesuitas, los pliegues de un género

INTRODUCCIÓN

 

Quisiera partir de una afirmación extrema: las cartas de los jesuitas son ilegibles. Esta afirmación podría sonar como un aviso a los navegantes, para todos aquellos que quieran aventurarse en la reconstrucción de un pasado. Pienso que sea un buen punto de partida pensar como un escolio la complejidad de esta forma discursiva y los riesgos que supone su uso prescindiendo de su historización.

   Algunos que ven las cartas de los jesuitas como rodeadas de una aureola romántica. Encontrarlas en el archivo pareciera ser el comienzo de un viaje en el tiempo: las cartas evocarían cercanía, establecerían puentes, llenarían un vacío. Parecería que se podría partir del trazo de la escritura para llegar a reconocer la mano del autor y de allí a la persona. Algunos podrían no reconocerse en esta reconstrucción romántica y delante del documento podrían ser tentados por otra quimera: ir a buscar, entre sus líneas, los datos. Como si una fabulosa alquimia pudiera separar en esa trama compleja por una parte la estructura retórica y, por otra, coleccionar fechas, nombres y cantidades. Ilusión galileana de recuperar para la escritura de la historia una especie de lengua matemática que no tenga que dar cuenta de las incesantes resignificaciones de los conceptos y de los datos mismos. Al final de un riguroso examen del texto quedarían en pie una serie de datos: significantes elocuentes de nuestra ansia de liberar a la historia de su retórica, pero mudos para aquellos que los escribieron. Como si fuera posible separar el trigo, que aquí representaría lo real, de la cizaña, que sería la ficción. Este tamiz, como en la parábola del Evangelio, sería una especie de impertinencia apocalíptica: se construye nuevamente en el presente lo legendario de una institución, de un tiempo o de una vida. Los deseos desmesurados por dar con la noticia, por recoger informaciones, nos impulsan a recomponer un texto que, como nos recuerda su etimología, es un tejido, que se nos presenta, más allá de nuestros esfuerzos por reconstruir, como desgarrado para siempre.

 

52 / Martín Morales S. J.

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