Preliminares

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Preliminares

   A partir de esta dualidad “se trama, para decirlo de otra manera, un mapeo de los géneros discursivos en la cultura jesuita”, la cual justamente, por este carácter dual desde su origen, es un terreno fértil para detectar la emergencia de nuevas formas discursivas y la transformación de las anteriores. Cabe mencionar que Fabre lleva su reflexión hasta las formas de la Compañía en el siglo XIX: “...¿podemos identificar, después de la Restauración, tipos de polarización discursiva comparables a aquellas de la época anterior a la disolución de la orden?”, señala, y concluye afirmando que “la heterogeneidad de formas discursivas” ha sido la “fuerza impulsora” de la Compañía desde su fundación hasta el presente: “Esto es, lo que su fuerza hace frente a los signos.”

  Por último, Mendiola nos ofrece un aspecto nodal del surgimiento de una “forma discursiva”, la historia. Para ello se concentra en el crucial papel de la amplificación en la emergencia de la cultura del impreso, en este caso referida a la narración. “Además, los primeros manuales de cómo escribir historia son de esta época, y el género histórico se caracteriza como una variante del epidíctico. La historia es vista como un relato para juzgar moralmente las acciones pasadas. Por esto, la cualidad de brevedad de la narratio se abandona en estas obras, y se sustituye por la narración desmembrada basada en la amplificación” afirma el autor. Este cambio lo contextualiza en el amplio espacio de las transformaciones de la retórica en esa época, la cual inició entonces su contracción “a sólo dos de sus cinco partes”, a través del caso de las retóricas españolas. A su vez, esta reducción habría que situarla en el marco moralizante de la cultura cristiana. Así, el autor nos muestra cómo dos formas discursivas que “emergen dentro de la cultura medieval cristiana: el hagiográfico (o epidíctico) y el sermón” dictaron transformaciones en la narrativa posterior.


12 / Perla Chinchilla Pawling

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