Equidad de género: una deuda histórica • examen

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Devastando nuestro futuro: la trata de personas hoy

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Este trabajo tiene por objeto llevar al lector a una reflexión en torno al problema de la explotación sexual de la mujer y todo lo que detrás de ello se encuentra. No debe tomarse como una crónica policiaca, sino como un asunto que nos permita generar insumos para alentar el debate en relación a la desigualdad y la violencia de género, debate que sin duda ya se ha puesto en marcha y que es imprescindible reavivar desde el análisis de las “nuevas esclavitudes” que se esconden tras el velo de la explotación sexual, la prostitución y tienen su génesis en las “pequeñas violencias” (Sheper-Hughes, 2004). Este texto se ha organizado en dos partes; la primera de ellas busca acercarse a los eventos coyunturales que dan lugar a la trata de personas y otras formas de explotación y esclavitud.En segundo lugar se pretende explicar cómo un factor de explotación puede convertirse en trata.

1. Coyunturas para una devastación acelerada de la socialidad

  En la escena internacional, la década de los noventa se marcó como una coyuntura importante por cuatro eventos. En primer lugar, México se adentró al mundo de la liberalización de los mercados internacionales con el TLCAN. Se unificaron comercialmente 470 millones de personas con el fin de restringir el proteccionismo arancelario y gradualmente generar un “mercado competitivo”, lo cual resultó ser una gran falacia; ni habría trabajo para todos, ni Estados Unidos y Canadá nos permitirían comerciar nuestros productos abiertamente, ni mucho menos íbamos a formar parte de la élite de los países con un PIB en crecimiento por arriba del 5 o 6% anual.

  El rostro de la diferencia en esta zona comercial apareció la madrugada de 1994 en Chiapas, con el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, dando con ello una gran lección y develando la realidad de nuestros pueblos en procesos paralelos de descolonización y neocolonización de los países del norte.

  Otro elemento de coyuntura de los noventa fue el cierre de la frontera de los Estados Unidos y México para las drogas, en 1998 (Juárez, 2012), con lo cual se inauguró el “mercado interno” de drogas de México. Las ciudades más importantes del país se inundaron de cocaína y “piedra” lo que provocó que pronto se viera que la asistencia y el tratamiento para los dependientes y abusadores no eran suficientes y se hizo evidente el narcotráfico.

 

   32_Devastando_nuestro_futuro.jpgAl mismo tiempo, los noventa nos trajeron una oleada de muerte que Fernando Escalante (2009) denominó como una pequeña cresta final de homicidios que tuvo su origen en los años ochenta por la llegada del crack a los barrios negros de los Estados Unidos. Una oleada de muerte que aún hoy padecemos y de la cual no conocemos su magnitud total, puesto que siguen existiendo “tumbas clandestinas”, grandes cifras de desaparecidos y feminicidios sin explicación alguna (Fragoso, 2000) mientras la política sigue hundida en una patética neutralidad (Segura, 2000). Este fenómeno nos ha traído una derrota de la socialidad en tanto fuerza de estructuración, fuerza de regulación colectiva, la distribución de fuerzas y de poderes que no están sujetas más a las reglas de una ideología de la nación, del Estado e, incluso, de la etnia (Segura, 2000).

   Moisés Naim (2011) marcó la década de los noventas como un periodo de coyuntura por el tráfico de drogas, armas y de personas, cuyo origen fueron los desplazamientos de personas y armas que resultaron de la extinción de la URSS en 1991 y la crisis de los países socialistas.

   En México, lo que nos mantiene en vilo es la cercanía con Estados Unidos y esto nos da pie al cuarto elemento coyuntural que sucedió en 2001, el atentado del 11 de septiembre contra las torres gemelas en Nueva York. Los noventa se han ido ya, pero nos han dejado la ideología de “seguridad nacional” con varios efectos en nuestro territorio. Uno de ellos es que modificó los flujos migratorios, con lo cual se generaron grupos de delincuencia organizada que se encargaban de desplegar el terror en México como si fuese una “zona minada”, en donde se explotaba a los migrantes y se modificó el concepto de mecanismo de protección hacia su persona.

 
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