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México ante la era de Trump: Desafíos y oportunidades • Examen

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Los muros de México frente al muro de Trump

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3_trump_mexico_ibero50.pngHELENA VARELA
Licenciada en Geografía e Historia (especialidad en Historia de América) por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su maestría en Ciencias Sociales en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales y es doctora en Ciencia Política, Sociología y Antropología Social por la Universidad Autónoma de Madrid. Es profesora e investigadora de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México; de 2007 a 2014 fue directora del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas, y desde agosto de 2014 es directora de la División de Estudios Sociales. Desde 2017 pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. Tiene diversas publicaciones y participaciones en foros académicos nacionales e internacionales, y desarrolla su investigación en torno a cuestiones vinculadas a los procesos de cambio político, consolidación de la democracia, calidad de la democracia, las instituciones en México y su impacto sobre la gobernabilidad democrática.

 

Al momento de escribir estas líneas ya se cumplieron los cien primeros días de la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, una presidencia que arrancó con todo tipo de amenazas que auguraban tiempos convulsos para el mundo, y muy especialmente para México: con un discurso estridente y un estilo poco convencional, desde la Casa Blanca se mandaba el mensaje de que no había marcha atrás en asuntos como el muro o el fin del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), sólo por mencionar los dos que más han llamado la atención de los medios de comunicación en nuestro país.

Al hacer un primer corte de caja después de los cien días, pareciera que los resultados no han sido tan “virulentos” o han tenido un impacto menos notorio de lo que pudo temerse en un principio: ni el TLCAN acabó en el cesto de la basura (más allá de que apenas, en el día 111 de su gobierno, se ha notificado formalmente al Congreso su intención de renegociación), ni hasta ahora parece que el presidente haya encontrado patrocinadores que financien el muro que quiere levantar en la frontera entre los dos países.

Como el mismo Trump ha reconocido, eso de gobernar no está tan fácil, y mucho menos cuando existe una serie de contrapesos institucionales que impide que la voluntad de una sola persona

 

se pueda imponer sin ningún tipo de control. En estos primeros cien días hemos podido constatar la importancia de que las instituciones (Congreso, Tribunal Supremo de Justicia, etcétera) estén por encima de la discrecionalidad de los gobernantes. Una lección importante para poder afrontar desde América Latina la era Trump, a la que todavía quedan más de mil trescientos días.

Aunque estos primeros meses no han traído resultados tan contundentes como los que el propio presidente hubiera deseado, eso no significa que vaya a desistir de sus promesas de campaña. El paso puede ser más lento, pero el camino sigue siendo el mismo. Prueba de ello es, por ejemplo, la decisión de Texas de prohibir las llamadas “ciudades santuario” y de autorizar la norma (Senate Bill 4) que permite en todo momento a las autoridades cuestionar el estatus migratorio de las personas, medida que deja en una situación de franca vulnerabilidad a la población migrante. Detrás de acciones como ésta, sigue vigente un discurso discriminatorio y excluyente que puede ser altamente peligroso. El problema no es tanto que se extienda el muro fronterizo que ya existe en un tercio de la frontera de México con Estados Unidos; el problema es que hay otros muros, no tan visibles, construidos a base de odio, que pueden resultar infranqueables.

Van a ser tiempos difíciles. Y lo van a ser porque está prevaleciendo, en Estados Unidos pero también en otras partes del mundo, un discurso de odio, de xenofobia, de muerte. Cuando este mundo estaba

 
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