El otro terremoto: responsabilidad y reconstrucción | Examen |

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Reconstrucción Social del Hábitat

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 ENRIQUE ORTIZ FLORES  

32.ibero53-terremoto.JPGArquitecto egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde 1965 labora en el campo de la vivienda y el hábitat popular, inicialmente como director de la ONG COPEVI. Fue subdirector de Vivienda de la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas y tuvo a su cargo el primer Programa Nacional de Vivienda. Dirigió también el Fondo Nacional de Habitaciones Populares. Fue presidente del Comité de Acción sobre Vivienda y Edificaciones de Interés Social del Sistema Económico Latinoamericano y, desde 1989, es integrante de la Coalición Internacional para el Hábitat (HIC), que agrupa cerca de 400 organizaciones sociales, civiles y académicas de más de cien países, de la que ha sido secretario general, presidente internacional y fundador de su oficina regional para América Latina. En el terreno académico tiene una larga trayectoria como profesor universitario y como conferencista en diplomados, maestrías y doctorados en México y el extranjero. Ha sido titular de las Cátedras Sergio Chiappa Catto de la UAM-Xochimilco y Federico Mariscal de la Facultad de Arquitectura de la UNAM; miembro de la Junta Directiva de la UAM y de consejos académicos de la Universidad Iberoamericana y de la UNAM. Por su trayectoria ha recibido, entre otros reconocimientos, el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Tamaulipas, la Medalla Lázaro Cárdenas concedida por la Universidad de Colima y el Premio Nacional de Arquitectura.

 

 

 

 

El vasto y profundo impacto de los sismos de septiembre de 2017 en México sobre la vida de las comunidades y personas afectadas abre retos muy relevantes a la orientación que se dé al proceso de reconstrucción. Como en toda crisis, surge el riesgo de perpetuar las condiciones y de repetir los mismos errores que colocaron en situación de vulnerabilidad, principalmente, a quienes menos tienen, situación que quedó de manifiesto en las zonas rurales y en los barrios más pobres de nuestras ciudades.

  También surgen oportunidades que pueden generar y fortalecer procesos transformadores, ya que la profundidad de los impactos en lo social, familiar y personal, lo ambiental y lo económico, crea un terreno propicio a la toma de conciencia. Ésta puede abrir cauce a la voluntad y el compromiso de los afectados para actuar solidaria y organizadamente, no sólo en la restitución o rehabilitación inmediata de sus viviendas, sino también en procesos capaces de incidir, en el mediano plazo, en el mejoramiento de sus oportunidades 

 

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y condiciones de vida y, dentro de una visión de largo plazo, en los procesos y transformaciones que conduzcan a construir un mundo inclusivo y solidario para todos.

 
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