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Discriminación, marginación y racismo en México contra los hablantes de lenguas indígenas

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 Hace más de una década, César Cruz y Marisela Rivas, una pareja otomí, quisieron registrar a su hija con un nombre en su propia lengua. El entonces director general del Registro Civil del Estado de Hidalgo indicó que no era posible registrarla como Doni Zänä. “No es por negligencia ni porque tengamos algo en contra de preservar las tradiciones o costumbres de nuestros pueblos, porque todos somos hidalguenses y a todos nos enorgullece escuchar un nombre ñañú, pero lamentablemente los sistemas (de cómputo) no lo contemplaron. Esto data del año 2000 o finales de 1999, cuando se implantó este sistema”, indicó el funcionario. Se refería a que las diéresis y el subrayado no podían incluirse como caracteres para generar el acta de nacimiento. Eventualmente, la pareja ganó la batalla, pero ésta fue larga y costosa.

 Casi 25.7 millones de personas en México se identifican, a sí mismas, como indígenas (alrededor de 21.5% de la población nacional), de las cuales, 7.2

 

millones hablan una lengua indígena. Una de cada diez personas de este conjunto no habla español y más del 60% vive en localidades rurales (INEGI 2015).

 Ser hablante de una lengua indígena en México significa ser pobre, marginado y encontrar múltiples barreras en el acceso a los derechos. Significa vivir y padecer el racismo cristalizado en leyes, instituciones, procedimientos y costumbres –prácticas institucionales, en síntesis– que restringen el acceso y goce efectivo de derechos en ámbitos institucionales como salud, educación o empleo. Este racismo ha sido normalizado por siglos de prejuicios y estereotipos.

 El ciclo de la discriminación estructural1 empieza en los prejuicios: usar la lengua propia se considera “un capricho” (en palabras del mismo funcionario que le negó el registro a Doni Zänä, pero que se escuchan cotidianamente) y hablar una lengua indígena, un marcador estigmatizante. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017, un tercio del país considera que la pobreza de las personas indígenas es por su cultura. También se atribuye la pobreza de las y los indígenas a que “son personas flojas”2; que 

 
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