Vol. Actual Todos Volúmenes
Contenido
IBERO_ carta del rector
*
Carta del rector
La voz del libro_el eco de la lectura
*
Qué leer y por qué_
Música para camaleones_
*
Qué escuchar y por qué_

Galería_entrevista

Página de 44

Carlos Pellicer López_ Pintura y poesía del paisaje

Captura_de_pantalla_2013-05-22_a_las_19.17.55.png

 

 

Carlos Pellicer López, sobrino y albacea del gran poeta Carlos Pellicer, es pintor, ilustrador y narrador. Nació en la ciudad de México en 1948, y se inició en las artes plásticas en 1963. Un ambiente familiar favorable a las artes lo llevó a inscribirse en la Academia de San Carlos en 1966. Como pintor,

  Pellicer López ha renovado en México el arte del paisaje, y con más de treinta exposiciones individuales lo mismo en México que en Estados Unidos es uno de los exponentes más destacados de la pintura mexicana contemporánea.

  A decir de Eliseo Alberto, “Carlos Pellicer López pinta con relámpagos. Fogonazo a fogonazo el color resalta, al tiempo que se fija.Tras las explosiones de los rojos iracundos, los verdes campesinos y los amarillos fogosos se esconde una calma sabia”. Para el narrador y ensayista cubano recién fallecido, la obra pictórica de Carlos Pellicer López se resuelve en una feliz y maravillosa revelación: “Las manos ven más que los ojos, porque por esas conmovedoras compensaciones de la vida, los ojos palpan mejor que las manos”.

  Como autor e ilustrador de cuentos infantiles, ha sido también fructífero. En 1982 obtuvo el Premio Promexa por su libro ilustrado Juan y sus zapatos,

 

 y en 1983 mereció el Premio Antonio-rrobles de IBBY, por Julieta y su caja de colores, libros reeditados en México en varias ocasiones, y traducidos, publicados y premiados en el extranjero.

  Cincuenta años después de su primera incursión en la pintura, conversamos con él para los lectores de IBERO.

 

¿Cómo te iniciaste en la pintura?

  Desde muy pequeño. En gran medida, por el ambiente que había en casa, donde se hablaba mucho de pintura y en donde había siempre muy buenos cuadros.Tanto en la casa paterna como en la de mi tío, el poeta Carlos Pellicer, que era contigua a la nuestra, había magníficas obras de arte que siempre me impresionaron. A los quince años de edad yo ya sabía que quería estudiar pintura. Lo más fácil fue recurrir a uno de los amigos de mi tío, el pintor Alfonso Ayala, que daba clases en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Él, con una paciencia infinita, fue mi primer profesor, en 1963. De esto hace ya exactamente cincuenta años. Como Alfonso Ayala era paisajista y a mí lo que más me gustaba pintar era el paisaje, salíamos juntos a hacer pequeñas excursiones y así fue como empecé a pintar.

 
Página de 44
Comentarios