Reforma Política del DF ¿Qué ciudad queremos? • Examen

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Mancera, Pinochet, Zedillo . La Carta Magna de la Ciudad de México

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                      JOHN M. ACKERMAN

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Doctor en Derecho por la UNAM y en Sociología por la Universidad de California. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y director editorial de la Mexican Law Review. Es columnista en Proceso y La Jornada, entre otras publicaciones periódicas de México y el extranjero. Experto en políticas públicas, transparencia, derecho electoral, combate a la corrupción, rendición de cuentas, participación ciudadana y organismos autónomos, es autor de diversos libros, entre ellos el más reciente El mito de la transición democrática (Temas de Hoy, 2015).

www.johnackerman.blogspot.com. Twitter: @JohnMAckerman

 

Cualquier proceso constituyente presenta tanto riesgos como oportunidades. Cuando las nuevas constituciones surgen de una amplia movilización social y acompañan procesos de transformación política suelen materializar los sueños y las aspiraciones de una nueva generación. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, promulgada en 1917 a partir de la Revolución mexicana, constituye uno de los ejemplos históricos más importantes en el mundo. Los procesos constituyentes más recientes en Ecuador, Bolivia, Sudáfrica y Venezuela también son claros botones de muestra.

  Sin embargo, cuando una nueva Carta Magna es producto de pactos cupulares suele incluir candados autoritarios y conservadores que buscan garantizar la permanencia en el poder de los representantes del viejo régimen. Por ejemplo, la Constitución Política de la República de Chile vigente fue redactada por el dictador Augusto Pinochet en 1980. Si bien ha sido reformada en numerosas ocasiones, hasta la fecha mantiene cláusulas profundamente autoritarias como el sistema electoral “binominal”. Este sistema, que garantiza la sobrerrepresentación de la derecha y los defensores del viejo régimen, es una de las principales razones por las cuales Chile continúa firme dentro de la órbita de las políticas económicas neoliberales. Es también la causa de que el país haya esperado hasta el

 

 año 2004 para legalizar el divorcio, y de que hasta la fecha sostenga la prohibición absoluta del aborto.

  El proceso constituyente en la Ciudad de México contiene elementos de ambas tendencias, la transformadora y la conservadora. Por un lado, la redacción de una Constitución para la capital del país responde a una lucha y una demanda histórica de muchos años desde la izquierda. La Asamblea Constituyente también coincide con un proceso de profunda renovación política en que el nuevo partido ciudadano Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) está desplazando rápidamente al viejo Partido de la Revolución Democrática (PRD) tanto en la ciudad como en todo el país. Existe la esperanza, entonces, de que la primera Constitución de la ciudad pudiera reflejar y apuntalar una nueva visión liberadora e igualitaria.

  Sin embargo, el diseño cupular de la reforma política de la Ciudad de México, dentro del marco del autoritario y opaco “Pacto por México”, ejerce un fuerte peso sobre las actuales deliberaciones en la Constituyente. Por ejemplo, la imposición de 40 diputados no electos en la Asamblea Constituyente es fiel al espíritu pinochetista, represor y excluyente, que ha caracterizado el gobierno de Miguel Ángel

 
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