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La llama inextinguible | Poesia |

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Romance

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 Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695) escribió este romance, como ella misma revela en el subtítulo, en respuesta a un caballero peruano, de apellido Navarrete, que le regaló unos búcaros por la gran admiración que tenía de su genio e ingenio, y a tal grado la admira que, en unos versos, le hace el elogio menos elogioso que podría hacer un hombre a una mujer genial. Le dice que es tan grande que hombre debería ser.

 Desde entonces, y mucho antes, el estereotipo suponía que el genio era exclusivamente masculino, y por ello Sor Juana, gigante entre los ingenios de su tiempo (todos varones), sorprendía y llevaba a los admiradores a pensar y decir que aquello no podía escribirlo una mujer, con todo y que Sor Juana había escrito “Dios me inclinó a eso, y no me pareció que era contra su ley, ni contra la obligación de mi estado. Yo tengo este genio. Nací con él y con él he de morir”. Como bien observa Antonio Alatorre en su ensayo “Sor Juana y los hombres”, para ella no era elogio que le dijeran que su poesía era un milagro o que su caso era milagroso. Respondía, dice Alatorre: “¡Cómo milagroso! ¡Mi trabajo me ha costado!”.

 Este romance de Sor Juana es uno de los primeros en denunciar el estereotipo patriarcal del talento y el genio. Sor Juana no sólo rompe dicho estereotipo, por ser mujer, sino también por ser religiosa, y alega: “Las mujeres sienten que las excedan los hombres, que parezca que los igualo; unos no quisieran que supiera tanto, otros dicen que había de saber más, para tanto aplauso; las viejas no quisieran que otras supieran más, las mozas que otras parezcan bien, y unos y otros que viese conforme a las reglas de su dictamen, y de todos puntos resulta un tan extraño género de martirio cual no sé yo que otra persona haya experimentado”. Este romance es, además, uno de los grandes poemas autobiográficos de Sor Juana en su batalla contra la discriminación por razones de género. Sus preguntas siguen vivas, lo mismo que su genio y su poesía: “¿De qué envidia no soy blanco? ¿De qué mala intención no soy objeto? ¿Qué acción hago sin temor? ¿Qué palabra digo sin recelo?

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