Equidad de género: una deuda histórica • examen

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La Ibero y los asuntos de género

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  • aprender a escuchar a la mujer;
  • enseñanza explícita sobre la igualdad esencial y concreta entre mujer y varón;
  • presencia y participación de las mujeres en las
  • obras de la Compañía de Jesús;
  • defensa de la mujer contra la violencia, la explotación y la discriminación;
  • colaboración respetuosa;
  • práctica del lenguaje inclusivo.
  

   En el documento, se hace alusión al “trato injusto y explotación de la mujer” como una de las injusticias que forman el nuevo contexto de necesidades y situaciones que la Compañía debe afrontar en el cumplimiento de su misión. Asimismo, en el apartado sobre los “Caminos de progreso”, señala que “debemos estar particularmente atentos a no adoptar una pedagogía que meta una cuña más entre el varón y la mujer, cuando ésta se encuentra ya presionada por otras fuerzas culturales o socioeconómicas que dividen”.

   Ahora, en cuanto al feminismo, es importante mencionar que, al paso del tiempo, el pensamiento feminista se ha convertido en una disciplina con una genealogía, una historia, unos textos fundacionales, un cuerpo de doctrina y toda una serie de corrientes bien diferenciadas en sus componentes ideológicos y su geografía específica, además de influir en otros campos, como pueden ser las artes, la historiografía, la filosofía de la ciencia o la crítica cinematográfica3. Entre los textos fundacionales se encuentra la obra de Simone de Beauvoir, El segundo sexo, de 1949, como el punto de evolución de la teoría feminista al afirmar que “no se nace mujer, se llega a serlo”, visión que crea un parteaguas al mostrar el entramado social e ideológico que da como resultado a lo que conocemos como “mujer” en un cuerpo femenino.

        Este planteamiento de la construcción de la identidad como “mujer” estará presente en el feminismo desde entonces, estableciendo el concepto de género al entender a la mujer como sujeto subordinado y oprimido, producto de una construcción social y no natural o biológica como se quería mostrar en aquellos tiempos a través de las ciencias como la medicina y la biología, y que servía para justificar el origen natural subordinado y complementario de la mujer en relación con el hombre. Cabe mencionar que el concepto “género” se utilizó en ciencias sociales desde que el antropólogo John Money, en 1955, propuso usar el término rol de género para describir los comportamientos asignados socialmente a los hombres y a las mujeres.

  En 1975 la ONU proclama el Año Internacional de la Mujer y, en Occidente, el movimiento feminista fue cobrando fuerza, haciéndose más visible y alcanzando sus primeros logros y reconocimiento internacional. Al mismo tiempo, se fueron definiendo y separando dos tendencias: en primer lugar, el feminismo de la diferencia, que parte de la diferencia sexual para profundizar en la esencia femenina, y el feminismo de igualdad que, al denunciar al patriarcado como creador de la desigualdad, de la distinción y de la diferencia entre hombres y mujeres, lucha por la consolidación de espacios de reconocimiento en pie de igualdad con los varones.

   En los años ochenta y noventa del siglo XX inician los planteamientos del feminismo cultural, y tienen un punto de inflexión en los debates en torno a la pornografía y posterior configuración de un feminismo contra la censura. En esta época, los movimientos feministas habían logrado

 
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