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México ante la era de Trump: Desafíos y oportunidades • Examen

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Estados Unidos: la sociedad que resiste

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tan estrafalaria para la mayor parte de la sociedad estadounidense, reforzaría la fantasmagoría del principio más ancestral de su identidad: el miedo, en un país de inmigrantes, a sucumbir frente a un diluvio de inmigrantes. A ello se agregaría un factor del todo nuevo. La narrativa de que en el intercambio comercial propiciado por el Tratado del Libre Comercio, Estados Unidos sólo perdía plazas de trabajo (por los bajos salarios que se pagan en México). El dilema de esta retórica era que convertía a las marcas estadounidenses (Ford, Chrysler, IBM, etcétera) en sujetos de responsabilidad nacional, una suerte de nacionalismo de las marcas –casi como si fueran extensiones del propio Estado. Un dilema que las mismas corporaciones se encargarían de volatilizar.

  En un discurso paralelo, el islam quedaría reducido once again a la ecuación más simple del enemigo a temer, la misma que articularía la noción del Otro desde los atentados a las Torres Gemelas: el terrorismo. Sólo que los métodos para combatirlo que el excéntrico candidato republicano sugeriría (el carpet bombing, equivalente a un bombardeo nuclear con artefactos

 

convencionales) harían perder la paciencia incluso a los mandos militares.

  Y en tercer lugar, la constante misoginia. Alusiones permanentes a ese trato a las mujeres que las reducía a objetos de seducción y placer, o de dislocación profesional (el crítico momento en que se refiere durante los debates presidenciales a Hillary Clinton como una nasty woman, momento que desata el prolífico movimiento de #Nastywomen), despertarían, primero, la suspicacia de ese vasto ensamblaje que hoy representa la conciencia de género en Estados Unidos y, después, su franca beligerancia y animadversión. Existe una hipótesis sociológica al respecto. En las últimas dos décadas, en Estados Unidos el número de familias que obtienen sus ingresos mínimos a través del empleo de las mujeres ha aumentado al doble. La tradicional y patriarcal posición del hombre como proveedor exclusivo de la familia (sobre todo en esa franja de varones blancos y obreros) ha entrado en crisis, y con ello la estabilidad de los roles tradicionales en la familia. Trump ofrecía así, incluso sin meditarlo, la reacción retro a esta crisis.

 
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