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México ante la era de Trump: Desafíos y oportunidades • Examen

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El papel de la diplomacia mexicana en la era Trump

Resultaría inadecuado analizar la política exterior de México hacia el gobierno de Donald Trump en base a las teorías tradicionales del realismo, el idealismo o el neoliberalismo, pues el mandatario practica una demagogia nacionalista, una visión simplista de su país y del mundo, expresada con el slogan America first.

  Sería conveniente entender que las motivaciones supremacistas del ex candidato republicano se explican por la percepción del nivel de desempleo y la seguridad pública de Estados Unidos, que sirvieron para explotar sentimientos de frustración y miedo en la mayoría que lo apoyó del sector laboral de clase media blanca, anglosajona y protestante, conocida como WASP, por sus siglas en inglés.

   De manera simplista, Trump atribuyó a México la pérdida de un millón de empleos y el déficit comercial de 60 mil millones de dólares, en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Soslayó que la eliminación de puestos de trabajo se debe, en buena medida, a la robotización del proceso productivo y a la mano de obra más cara de su país, además de omitir que el TLCAN creó –y no eliminó– seis millones de trabajos en Estados Unidos.

   Ningún otro país ha sido demonizado por Trump como lo ha hecho con México, reconociendo, sin justificarlo, el nivel de corrupción, clima de inseguridad y carencia del Estado de derecho, vigentes en el país. Por ello, quizá la razón del odio de Trump a México sea muy personal. El empresario, propietario de hoteles, casinos y clubes de golf por casi todo el mundo, no ha podido entrar a México. Tuvo experiencias negativas con socios mexicanos en proyectos frustrados en Cozumel y en Tijuana. Y hace unos meses, la hija del ex magnate logró registrar en México la propiedad intelectual de su nombre, después de que un mexicano había registrado la marca “Ivanka Trump” e “Ivanka”, a quien seguramente tuvo que pagar para llegar a un arreglo.

 

Ante este panorama inédito en las relaciones entre México y Estados Unidos, la diplomacia mexicana debe enfrentar desafíos inusitados, justo cuando el gobierno de Enrique Peña Nieto se encuentra en los niveles más bajos de popularidad y justo cuando el inexperto pero hábil secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, confía en su relación personal con el influyente yerno de Trump, Jared Kushner, para conducir las relaciones con Estados Unidos, por encima de instituciones como el Departamento de Estado.

  La única decisión digna que ha tomado hasta ahora el presidente Peña Nieto fue cancelar, de última hora, su visita a la Casa Blanca, para así evitar adicionales desaires de su homólogo estadounidense.

  A continuación, presento algunos problemas y posibles soluciones relacionados con la próxima renegociación del TLCAN.

  Se ha conformado un clima de incertidumbre sobre el futuro de México, creado por las amenazas y contradicciones del impulsivo Trump entre lo que dice un día, para hacer lo contrario, al siguiente. Como es bien sabido, Trump prometió repudiar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Estuvo a punto de hacerlo a los cien días de su gobierno, pero cambió de idea. En lugar de salirse, fue persuadido de renegociar, de manera condicional a revertir el déficit. Pero de todos modos sigue pendiendo la espada de Damocles.

  El peso ha sufrido dos importantes devaluaciones por el efecto Trump. La primera fue cuando en el día de su elección, el 9 de noviembre de 2016, el peso se depreció de 18.55 a 21.39 pesos por dólar. La segunda ocurrió cuando asumió el poder el 20 de enero de 2017, día que el peso sufrió la depreciación histórica más alta, al alcanzar 21.92 unidades por dólar, casi 22 pesos.

  Trump practica como presidente lo que practicaba como empresario: amenazar primero antes de negociar, para debilitar a su interlocutor. Si bien la táctica le habrá funcionado en sus negocios particulares, resulta contraproducente en la política del más alto nivel, pues Estados Unidos comparte fuertes intereses económicos con México y Canadá. Casi el 60% de los

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