Vol. Actual Todos Volúmenes
Contenido
Líder Ibero • Excelencia académica y compromiso social
*
El compromiso profesional y social de los cónsules mexicanos en Estados Unidos
Egresados • La Huella Jesuítica • Entrevista
*
María Elizabeth de los Ríos Uriarte
La llama inextinguible • poesía
*
Juan Felipe Herrera
La voz del libro • el eco de la lectura
*
Qué leer y por qué
Música para camaleones
*
Qué escuchar y por qué

México ante la era de Trump: Desafíos y oportunidades • Examen

Página 31 de 58

Mr. Trump y la invasión de los “bad hombres”

41_trump_mexico_ibero50.png

Estados Unidos es nacida en México y en su mayoría indocumentada. Fue una estrategia diseñada de manera precisa para que los mexicanos se ocuparan de esas tareas. No hay negros ni chinos trabajando en los campos, tampoco filipinos. Los últimos fueron los trabajadores negros del tabaco y ya les dejaron la chamba a los mexicanos, en su mayoría trabajadores legales con visas H2A.

   Aquello de la película de Arau de Un día sin mexicanos es cinema. También es retórica aquello de que son explotados por el capitalismo norteamericano. Capitalismo salvaje el de San Quintín, Baja California, que sólo puede ser domado a punta de huelgas como la de hace unos años, cuando los jornaleros oaxaqueños exigían 200 pesos de salario mínimo y ahora vuelven a la carga exigiendo un salario mínimo de 300 pesos. Mínimo, ¿no?

  Lo que ya no parece cinema, dado el sexto sentido premonitorio que tienen los cineastas de Hollywood, el de la película Marte Ataca de Tim Burton y la caracterización que hace Jack Nicholson del Presidente de Estados Unidos que se acerca cada vez más a la realidad. Con Trump, la retórica tradicional ha sido dejada de lado y se ha convertido en un planteamiento maniqueo, de blanco y negro, de buenos y malos. Ahora se trata de “mexicanos criminales, violadores y narcotraficantes”, de la invasión de los “bad hombres” a la tierra prometida. Por eso mismo, puede que esta sea la oportunidad histórica que tenga México para responder con una política migratoria que se ajuste al interés nacional.

 

Trump dijo, sin venir a cuento, o con muy mala leche, en la conferencia de prensa con Angela Merkel que “la migración es un privilegio, no un derecho”. Es algo que se otorga, que se premia de acuerdo a méritos. Según Trump los mexicanos y los musulmanes no forman parte de este grupo de privilegiados.

  No obstante, varios millones de migrantes se han ganado a pulso el privilegio y el derecho de regularizar su situación. Fueron los Dreamers los que dieron la cara, los que no se agacharon y, finalmente, se les ha respetado y se les ha privilegiado. Ahora les toca a los migrantes que después de 10, 20 o 30 años de trabajar y pagar impuestos han adquirido derechos por una situación irregular tolerada por el gobierno y promovida por los empleadores.  

   Hace tres años el gobierno mexicano de Peña Nieto se quedó callado cuando se discutía una reforma migratoria, que fue aprobada en el Senado estadounidense y luego desechada en la Cámara de Representantes. Es hora de dar la cara, dejar de escudarse en una actitud pusilánime y abandonar la llamada “política sin estridencias” con respecto a Estados Unidos. No sólo eso, ya es hora de que hacia el interior se promueva e impulse una cultura de la legalidad. Ser migrante ilegal en Estados Unidos no es la panacea, es una desgracia.

  Hay que cambiar la narrativa y definir claramente cuál es el interés nacional en el tema migratorio y que no se deje correr el tiempo con la esperanza de que se mantenga el statu quo por un siglo más.

 
Página 31 de 58
Comentarios