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México ante la era de Trump: Desafíos y oportunidades • Examen

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El papel de la diplomacia mexicana en la era Trump

bienes importados por Estados Unidos de México y Canadá son usados para producir bienes hechos en la Unión Americana. Por ello, México debe establecer alianzas con empresas estadounidenses y extranjeras que usan a nuestro país para entrar al mercado de Estados Unidos, con el fin de realizar labor de cabildeo en Washington.

  La clave de las negociaciones está en las reglas de origen. Si Estados Unidos decide revisar las reglas de origen para disminuir su gran déficit, México podría perder las ventajas que ahora tiene. Por ejemplo, si México exporta a Estados Unidos pasteles con harina importada de Europa, insumo que actualmente está en una lista que goza de trato preferencial, y la harina europea pasa a otra lista sin dicho trato, los pasteles mexicanos serían más caros.

  En el eventual caso de que Estados Unidos se retire de las negociaciones del TLCAN, nuestro país debería acudir a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Trump ha dicho que subirá el arancel hasta el 35% para los coches hechos en México, tercer proveedor del mercado estadounidense, en lugar del 2%. Ello violaría los acuerdos de la OMC. Como los procesos de integración económica son largos, graduales y complicados, no es fácil reducir a corto plazo los nexos construidos durante veinte años del TLCAN. Quizá, de manera realista, el gobierno mexicano insiste en aferrarse al modelo actual de integración económica con Estados Unidos, a pesar del repudio de Trump.

 

Sin embargo, a reserva de que el efecto de la era Trump no dure más de cuatro años, México debe buscar alternativas para no depender en el 80% del comercio e inversiones con Estados Unidos, sin tampoco olvidar que somos vecinos de la mayor economía del mundo. Lo ideal, lo saludable, sería equilibrar en un máximo de 50% la relación con Estados Unidos, y la otra mitad con los demás polos económicos mundiales, como China, la Unión Europea y América Latina.

   El actual gobierno de México percibe a China como rival y no como posible aliado y trata de persuadir a Estados Unidos de que el enemigo común a vencer es China. Me parece una táctica equivocada que, antes de sentarse a la mesa, se elimine la carta china, del mismo modo que es una estrategia errónea no exponer alternativas de diversificación hacia otras regiones. Parece la crónica de una entrega anunciada. Y los estadounidenses lo saben.

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