Equidad de género: una deuda histórica • examen

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Devastando nuestro futuro: la trata de personas hoy

de neutralizar físicamente y almacenar a las fracciones excedentes de la clase trabajadora y, en particular, de los miembros desposeídos de grupos estigmatizados que persisten en entrar “en rebelión abierta contra su entorno social” (Wacquant 2010:20). La prueba de que México ha entrado a este patrón de contención punitiva son sus prisiones, las cuales tienen una sobrepoblación de más del 100%. Otra forma de contención de los pobres es la desesperanza que no necesita muros para delimitar su presencia, simplemente los explotan y reproducen la idea de que la explotación es la única manera de subsistir. Por ello cuando una víctima de trata es “rescatada” y se resiste a volver a su pueblo o no denuncia a sus captores, lo hace con la idea de pensarse mejor ahí y no en la pobreza, la carencia, la falta de futuro, el maltrato o la soledad.

2. De la explotación a la trata de personas

La trata de personas es un ilícito muy complejo porque implica tres etapas de desarrollo: captación, traslado y explotación. La captación es una etapa en la que una persona es sometida a través de la fuerza, mentira, fraude o enamoramiento, para posteriormente ser trasladada a lugares desconocidos, en donde será recibida, acogida y vigilada y después se le someterá a la explotación sexual o laboral.

  La trata priva de la “voluntad” a las personas y anula su libertad de decisión, expresión y movimiento. No obstante, todo inicia en los primeros actos de explotación y violencia que produce la familia.

  ¿Cómo puede ser la familia uno de los actores de la trata y la explotación? La palabra explotación tiene varias acepciones; por una parte, es obtener provecho de una acción en la cual se está trabajando (Moliner, 1997:1259), sin embargo, el sentido de la explotación a la que me quiero referir, en esta ocasión, va más por el lado de utilizar en provecho de uno, circunstancias que ponen a otra persona en desventaja o generan una suma de desventajas como lo refiere Saraví (2010). En este sentido, para consumar la explotación es necesario “saber” 

 

de la desventaja del otro o sumarle desventajas —reales o ficticias— que pueden transformarlo o despersonalizarlo.

  La familia es la principal instancia de socialización de las ventajas y desventajas sociales. La principal desventaja que reproduce la familia es la desigualdad de género y con ello se construyen las primeras “explotaciones mínimas” del hombre contra la mujer; del hermano contra la hermana, de la madre contra la hija, etcétera. Estas “pequeñas explotaciones” en conjunto, con las “violencias mínimas” de la vida cotidiana (Sheper-Hughes, 2000), propician una aspiración de “fuga” o “huida” que se mantiene latente, hasta que encuentra resonancia en la proposición de alguien que puede o pretende poder subsanar la suma de las desventajas (Saraví, 2010).

  Esta aspiración de fuga o huida del núcleo familiar es un signo que constantemente proyectan los niños, niñas y adolescentes con sus fracasos sociales, familiares, escolares y emocionales, fracasos de los cuales la comunidad, si es que existe alguna, nada sabe o hace como que no ve.

   Cuando aparece la idea de fugarse o huir de casa nos convertimos en personas vulnerables y nuestras vulnerabilidades tienen un valor en el “mercado tóxico”, es decir, mercados de miserias, ignorancias, dependencias, enfermedades, discapacidades y habilidades o capacidades ficticias. Un mercado tóxico se gesta a la sombra de la debilidad institucional que desarrolla la informalidad y la corrupción, los riesgos individuales y sociales como refiere Satz (2010), pero sobre todo al amparo de la desigualdad de género.

 La cultura contemporánea está en proceso de devastarlo todo: el medio ambiente, el agua, la tierra, el territorio y las personas. Algunos vivimos un proceso lento de devastación y algunos otros son devastados aceleradamente, como en el caso de las víctimas de trata. 

BIBLIOGRAFÍA

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