La corrupción como problema social • ágora

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 59.pngFRANCISCO MARTÍN MORENO

Escritor, columnista y comentarista de radio y televisión, es autor de más de una veintena de libros de investigación histórica como México negro, Las cicatrices del viento, Las grandes traiciones de México y México engañado. Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Laurel de Oro a la Excelencia Literaria de España, y el Premio Nacional de Periodismo en cinco ocasiones.

Seguirá devorando lo mejor de nosotros

   En México, históricamente, hemos sido siempre el país de un solo hombre, una nación gobernada de acuerdo a los estados de ánimo de algún individuo en cuestión. De acuerdo a lo anterior, tanto los tlatoanis, como los virreyes, los caciques, los caudillos, los líderes populares, los jefes máximos, hasta los presidentes que encabezaron la Dictadura Perfecta, invariablemente representaron una nación de personajes protagónicos, autocráticos, intolerantes incompatibles en el contexto de una democracia. Es evidente que en aquellas naciones que se han beneficiado por una consolidación democrática, el Estado de derecho se ha impuesto con justificado vigor dejando un espacio insignificante a la corrupción. En resumen, a mayor desarrollo democrático de un país, más poder del Estado de derecho y menos putrefacción política.

   Si hacemos un análisis a un simple vuelo de pájaro de la historia democrática de México, nos encontramos con que en el Imperio Azteca, por no remontarme a las culturas madres, ni en el virreinato ni en el México independiente del siglo XIX convulsionado por invasiones extranjeras, revoluciones internas y el regreso de líderes mesiánicos como Santa Anna, quien detentó durante 11 ocasiones la Presidencia de la República, ni durante la oprobiosa dictadura de Porfirio Díaz ni a lo largo de la diarquía Obregón-Calles ni durante la mencionada Dictadura Perfecta, México pudo beneficiarse de las ventajas de disfrutar una estructura democrática y, por lo mismo, la corrupción devoró el tejido social y político como una pavorosa metástasis cancerígena.

  En realidad la democracia, ciertamente embrionaria, empezó a arribar a México cuando Zedillo, en el año de 1997, perdió el control del congreso para darle cabida tres años más tarde, a la supuesta alternancia del poder, que no fue más que un mero continuismo durante las administraciones de Fox, de Calderón, para ya ni hablar de los atrasos democráticos durante la administración de Peña Nieto.  

   De acuerdo a lo anteriormente expuesto, es evidente que mientras exista una evolución embrionaria de la democracia de México difícilmente podremos disfrutar los beneficios de un Estado de derecho y, por lo mismo, ante la ausencia de éste, la corrupción seguirá devorando lo mejor de todos nosotros, como sin duda alguna lo es nuestro país

 

60.png   STEPHEN D. MORRIS

Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Arizona, es director y profesor del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Estatal Middle Tennessee. Es autor, entre otros libros, de Corrupción y política en el México contemporáneo y Corrupción y democracia en América Latina.

Se requiere de un gran movimiento social

  Desde una perspectiva estructural y amplia, en México faltan los esfuerzos necesarios para forzar al gobierno a cumplir con la ley, las normas y los principios democráticos. Aunque muchos lo caracterizan como un asunto de chequeos y balances dentro del gobierno, esta fuerza tiene que emanar de la sociedad. El abuso de poder –la definición de la corrupción que incluye también el abuso de derechos humanos, la impunidad, el fraude electoral, la corrupción individual y la corrupción institucional– es una forma de explotación política con la que los “servidores públicos” se aprovechan de la población. Por lo tanto, se tiene que balancear un gobierno fuerte con una sociedad fuerte. Empoderar a la sociedad incluye una prensa libre no cooptada o capturada por sectores del gobierno y una sociedad civil informada y organizada que pueda trabajar junto con sectores autónomos dentro del gobierno para la rendición de cuentas.

  Por medio de sus demandas cotidianas e incluso por medio de elecciones libres, la sociedad civil tiene el papel principal para exponer la corrupción y exigir la investigación y las sanciones contra los servidores públicos culpables. No cabe duda que México tiene que eliminar la impunidad que disfrutan los políticos y servidores públicos; pero la impunidad no es la causa de la corrupción sino simplemente una forma de la corrupción. Las leyes contra la corrupción en México son insuficientes y con muchas lagunas, pero la falta de leyes no es la causa de la corrupción sino sólo un síntoma del abuso del poder. La Revolución mexicana construyó un Estado fuerte y dominante no controlado ni por la ley ni por la sociedad. Ahora, requiere un gran movimiento social para domar este Estado, para que los servidores públicos cumplan fielmente con las necesidades del pueblo, con la ley y con el espíritu de la democracia en vez de proteger y mantener los intereses de los que están en el poder.

 
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