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"Maintenant c´est la bataille!":Diego Rivera y el muralismo mexicano en Nueva York,1933-1934 

Alejandro Ugalde

Investigador independiente  • UGALDEalejandro@aol.com

1 Sonia del Valle, “Provoca polémica colección de Gordillo”, Reforma, México, miércoles 14 de noviembre de 2012. En el año 2012, Elba Esther Gordillo, hoy ex líder del sindicato de maestros, anunció que se construiría un lujoso complejo arquitectónico para el sindicato, donde un par de paneles de la serie mural Portrait in America (1933), que Rivera pintó en Nueva York, serían el principal motivo decorativo. Dada la conocida corrupción y autoritarismo de Gordillo, así como las características del proyecto arquitectónico, era evidente que las otrora obras comunistas de Rivera estaban siendo utilizadas con fines de legitimación. Esto suscitó una  controversia en la cual el autor del proyecto, el afamado arquitecto Enrique Norten, sin sustento trató de defender esa estrategia, pero únicamente destacó las anomalías ya mencionadas,

2 Sobre el origen y desarrollo de la polémica, ver Leah Dickerman et al., Diego Rivera: murals for the Museum of Modern Art, cat. exp., Nueva York,Museum of Modern Art, 2011; Anna Indych-López, Muralism without walls: Rivera, Orozco, and Siqueiros n the United States,1927-1940, Pittsburgh, University of Pittsburgh Press, 2009; Alejandro Ugalde, “Expectativasy estereotipos de lo mexicano: Diego Rivera en la década de 1930 en Nueva York”, Art Nexus, vol.VI, núm. 67, 2007.

 

 

 

Resumen

Este año se cumplen ochenta años de que Diego Rivera pintara en Nueva York Man at the crossroads en el Rockefeller Center y Portrait of America en la New Workers School. Ambos murales fueron un parteaguas formal e iconográfico en la obra de Rivera, ambos tuvieron una importante resonancia política en su momento y ambos han desaparecido. No obstante, la discusión y la investigación sobre ellos sigue siendo vigente tanto en México como en Estados Unidos. El presente artículo explora las ideas e intereses detrás de su concepción y ejecución,  así como su posterior rechazo y destrucción. Asimismo, se analizan nociones modernas y utópicas acerca de la libertad creativa y la responsabilidad política del arte para, finalmente, ponderar el impacto que a corto y largo plazo tuvo ese episodio en la comprensión  y la recepción del muralismo mexicano en los Estados Unidos.

     Palabras clave: Diego Rivera, Portrait of America, muralismo

Abstract

It is been eighty years since Diego Rivera painted in New York Man at the crossroads at Rockefeller Center and Portrait of America at the New Workers School. Both murals were a formal and iconographic milestone in Rivera’s work, both of them had a strong political effect at that time and both of them have disappeared. Nevertheless, the discussion and research about them is still relevant in Mexico and the United  States. The focus of this article is to explore the ideas and interests behind their conception and execution, as well as its subsequent rejection and destruction. Additionally, the article analyzes the modern and utopian  notions  about  art’s creative  freedom  and political responsibility, in order to weigh the short and long term consequences  of this episode over the understanding and appreciation of Mexican muralism in the United States.

     Keywords: Diego Rivera, Portrait of America, muralism


 

fig.V4.cap1.jpgbriendo recientemente  las páginas de un periódico de circulación nacional,  el tema de los murales —en plural— de Diego Rivera en Nueva  York, volvió  con ímpetu a la sensibilidad y la imaginación popular.  Como siempre lo ha hecho a lo largo de ocho décadas de haber sucedido, su tono volvió a ir de lo controversial a lo especulativo. Y su resonancia, una vez más, fue mayor en el ámbito de la opinión pública y política, que en el del arte y la estética.1 Desde los cada vez más escasos sobrevivientes que se jactan de haber conocido a Rivera y, por lo tanto, contar con las respuestas correctas, o quienes simplemente están redactando un reportaje de denuncia de corrupción sindical, hasta el connotado arquitecto que, como antaño y con lastimosa ignorancia, quiso justificar lo injustificable apoyándose en lo político y culturalmente correcto, todas las voces recrearon el coro del debate de hace ochenta años.2

     Los murales “portátiles” de esta nueva controversia pertenecen a una serie —Portrait of America (Retrato de América)— que Rivera pintó en el verano de 1933 con el dinero que


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