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Nierika. Revista de Estudios de Arte
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La Ironia como estrategia artística de resistencia
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5 Bozal, Valeriano, La necesidad de la ironía, Madrid, La balsa de la medusa, 1999.

 



6 Hutcheon, Linda, A Theory of Parody, The Teachings of Twentieth-Centur y Art Forms. Illinois, University of Illinois Press, 1985.

 

 

 

 

7 Hutcheon, Linda, Irony´s Edge. The Theory and Politics of Irony, London, Routledge, 1998.

8 Proust, Marcel, tomado de Linda Hutcheon en A Theory of Parody, The Teachings of Twentieth-Century Art Forms, Illinois, University of Illinois Press, 1985.

 



9 Hutcheon, Linda, “Ironía, sátira, parodia. Una aproximación pragmática a la ironía” en De la ironía a lo grotesco, México, UNAM, 1992.


 

interés para la teoría crítica —en cuanto a las relaciones de intertextualidad que relativizan la noción de autoría—, para los discursos poscoloniales —con respecto al empoderamientodel marginado que desde la hibridación des-privilegia el lenguaje hegemónico devolvién­dolo transformado—, y también para los estudios visuales —por el des-dibujamiento de fronteras entre los campos del saber que permite la multiplicidad de voces y miradas—. Este tipo de reflexiones teóricas han puesto sobre la mesa de discusión estrategias artísticas irónicas que tocan temas claves, anteriormente obviados, como son la no neutralidad del lenguaje y de la historia, y la correspondiente responsabilidad de la voz en el acto de enun­ciación, que derivan en la puesta en jaque de las intenciones de objetividad y de totalidad del supuesto sujeto moderno.

     Valeriano Bozal, en su libro titulado La necesidad de la ironía5, propone la postura irónica del arte como la manera de lograr un distanciamiento crítico ante la situación en la que han caído los dos principios estéticos fundantes de la modernidad: primero, lo pintoresco que devino en el consumismo desechable y profundamente superficial del kitsch. Y segundo, lo sublime que fue utilizado por los totalitarismos del siglo xx para la cooptación del sujeto a través de la instrumentalización política del arte. En esta misma línea de pensamiento, Linda Hutcheon señala que “los modos en que las obras de arte moderna y posmoderna nos han enseñado a repensar la parodia en términos teoréticos están vigentes en cuanto a su uso crítico”. 6

     Respecto a la primera condición a revisar, está la relación con el pasado, pues este modo de resistencia artística no supone la eliminación de lo anterior otro, sino que comprende poner en juego una coexistencia, activando la transformación a partir de continuidades —puestas a revisión— y de diferencias. Con el tropo de la ironía se construye una relación dialéctica entre dos niveles discursivos que no significa la destrucción del primero, sino una incorporación en la distinción: “La ironía es una estrategia relacional en el sentido de que opera no únicamente entre significados (lo dicho y lo no dicho) sino entre personas […] El significado irónico llega a ser como la consecuencia de una relación, un dinámico y perfor­mático traer junto, de diferentes hacedores de significados pero también de significados distintos”. 7

     Además, la ironía es un ejercicio meta-reflexivo que conlleva cierta admiración de lo apropiado, y la imitación paródica de modelos artísticos existentes es finalmente una estra­tegia que, en palabras de Marcel Proust, permite liberarse de “las toxinas de la admiración”. 8

     La segunda condición que me parece importante analizar es el estatus de “trasgresión autorizada” del juego artístico irónico. El funcionamiento de este tropo se articula en una es­tructura doble, antifrasística y evaluativa, que a la vez seduce y agrede, y es en este sentido que el tropo irónico, actualmente en boga, resulta paradójico en cuanto a su complicidad con la ley, ya que no intenta abolirla sino únicamente suspenderla. Estas maniobras poéticas, aun teniendo una clara intención subversiva, gozan de tal aceptación cultural que devienen en norma a partir de cierta canonización de la intertextualidad crítica. La práctica de la ironía se consagra irónicamente en una trasgresión subversiva que confirma la regla.

     La tercer condición a tener en cuenta es que, para que suceda el intercambio dialogico entre el codificador y el decodificador de la ironía, hace falta que este último tenga las suficientes competencias que le permitan: descifrar lo implícito, conocer las reglas del con­texto del género artístico de la obra y comprender la ideología —entendida como el contex­to compartido de la esfera de lo social a la que pertenece el autor—.9  Los textos irónicos son considerados contextuales o situacionales, por lo que es necesario compartir los códigos 

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