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Nierika. Revista de Estudios de Arte.
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latinex

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utiliza para decir lo contrario de lo que significa”.17  Al integrar al roto en sus representaciones y vincularlo con otros actores de la sociedad se evidencia, en realidad, lo excluido que está del entorno social. Dávila adhiere la figura del roto encima de otras imágenes, dando cuenta de lo disociado que se encuentra de ellas. Su pintura manifiesta dicha exclusión   y, tal como el roto, repele por su marginalidad, pero atrae por su picardía; sorprende por su gro- sería, pero fascina por su atrevimiento. Sea como sea, captura la atención del espectador y lo remueve. Si Jaar trabaja focalizándose  en el tiempo futuro, considerando la respuesta del público como parte de la obra, Leppe centrándose en el presente de la actuación performática “en vivo y en directo”, Dávila desmantela el pasado, haciendo evidente el andamiaje de prejuicios con el que la sociedad carga hace siglos, denunciando de esta forma las causas de la violencia política.

     Así como la representación de la violencia no da cuenta, verdaderamente, de la brutalidad de sus atropellos, esta breve presentación tampoco hace justicia a las obras de los tres artistas. El trabajo de cada uno de ellos, estudiado en su totalidad, revela tres formas impresionantemente  originales y lúcidas de enfrentar la creación  artística. En esta ocasión sólo he querido vislumbrar cómo el tema de la violencia aparece como elemento estructural en obras de materialidades  tan diversas, generando  un impacto  tal en el espectador que éste—conmovido en el primer caso, perturbado en el segundo, seducido en el tercero— se transforma. He aquí el gran poder del arte, visibilizar, para luego trasformar.

 

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17 Bice Mortara Garavelli, Manual de retórica, Madrid, Cátedra, 2000, p. 193.
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