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Nierika. Revista de Estudios de Arte
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La Ironia como estrategia artística de resistencia
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alrededor de toda la performatividad del evento, desde las expectativas creadas ante el es­treno, el performance y lo que se construyó como historia de aquel suceso. Dentro de lo que he comparado con la fase liminal del ritual, la obra permite resignificar tiempos y espacios para propiciar una transformación en la manera como el público se relaciona con la trama y las identidades sonoras que está escuchando, así como con el canon y los tabúes de su contexto sociocultural. La reorganización en los mecanismos de sociabilidad comenzó a generarse desde que las convenciones sociales alrededor de un concierto fueron cuestio­nadas por la actitud de la audiencia soviética en torno al estreno de la cantata en Moscú.

     La obra sitúa a los espectadores nuevamente en una fase liminal entre lo real y lo imagi­nario cuando el simulacro es confrontado con los mismos mecanismos de significación que ha generado para validarse. La música considerada “menor”, desde el discurso del Estado soviético impugna su posición como artificio o falsedad al cuestionar la posición de la mú­sica clásica como modelo de verdad. El simulacro comienza a desarticularse en el momento en que su propia falsedad simulada lo pone a prueba y en el público se facilita una relectura sobre las categorías impuestas, como en este caso fueron las de música oficial y tabú, seria y popular, verdadera y falsa. Así, aún dentro del simulacro parecen existir rutas artísticas que permiten distanciarnos, generar ilusiones y posicionamientos críticos, distinguir lo real de lo simulado a través del ritual del acto de performance en su complejidad social y no sólo formal y estética. La ironía como estrategia artística y política parece en este caso haber ofrecido una salida del simulacro cultural de la música clásica para reintroducir la ilusión de la actividad musical de concierto como práctica de sociabilidad. Un espacio donde el ima­ginario cultural despierta de su letargo y la práctica artística recupera su potencial político.CUADRO-MORADO.jpg

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