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Para Mejía (2014: 6) el punto de partida de cualquier proceso de educación popular es “la rea- lidad y la lectura crítica de ella, para reconocer los intereses presentes en el actuar y en la producción de los diferentes actores”. En consecuencia, las primeras acciones consistieron en:

•Delimitar el territorio de actuación, buscando contextualizar el ejercicio educativo, favorecer el reconocimiento de las potencialidades de la sociedad local y establecer sinergias para la construcción colectiva de una nueva historia.

•Iniciar un proceso de inserción en la calle, con la premisa de reconocer a las personas, los sistemas de valores, las redes de significados, las lealtades y los modos de vida que abrigan las comunidades, y definir juntos los fines y medios más adecuados para conseguir una mejor calidad de vida.

•Establecer un compromiso a largo plazo en el territorio para trascender las acciones inmedia- tas y adaptarse a las transformaciones.

•Comenzar la lectura sistémica de la realidad, desde la mirada interdisciplinaria de los diferentes departamentos de la Universidad.

•Iniciar la construcción de redes de relaciones con los actores sociales a través del desarrollo proyectos significativos para ellos.

   En este marco de actuación, la Universidad inauguró el 10 de octubre del 2011 un centro comunitario en el pueblo de Santa Fe con el nombre de Casa Ernesto Meneses (la Casa), que estuvo bajo la dirección de Corsi. La Casa fue concebida como un espacio de encuentro con y para la comunidad desde donde se pudieran organizar y gestar proyectos de desarrollo local a partir de sus iniciativas y necesidades, y para esto se conformó un equipo multidisciplinario con egresados que habían sido voluntarios por varios años y profesionales con experiencia en la zona.

   Con base en esto, se establecieron las coordina- ciones de economía solidaria, educación, psicolo- gía, ludoteca, mejoramiento del barrio y del medio

 

ambiente, salud, promoción cultural y jurídica para brindar atención especializada y acompañar de manera corresponsable los proyectos planteados con los vecinos, haciendo la función de bisagra con los egresados, investigadores, profesores, alumnos de prácticas y de servicio social.

    Se acordó privilegiar las iniciativas y los proyectos que buscaran el desarrollo personal, familiar o comunitario; mejorar la calidad de vida; atacar la raíz estructural de la exclusión; promover la participación ciudadana en redes y organizaciones locales; fortalecer el trabajo colectivo y la cohesión social y fortalecer la toma democrática de decisiones y la identidad sociocultural. El acompañamiento a estas iniciativas siguió bajo la línea de educación popular como “propuesta ética, política y pedagógica para transformar la sociedad, de modo que los excluidos se convirtieran en sujetos de poder, actores de su vida y de un proyecto humanizador de sociedad” (Fe y Alegría, 2003).

   Para lograrlo se propició un contexto formativo, orientado a la generación de capacidades y compromisos a partir de proyectos reales que pudieran ser desarrollados en su contexto y fueran enganchando a la comunidad para participar. Desde esta perspectiva, los intereses que motivaban a las personas se convirtieron en los temas generadores alrededor de los cuales se tejieron sus aprendizajes en diversos espacios: el aula, la calle, las casas, los campamentos y los encuentros con otras organizaciones comunitarias, en diversas modalidades: diplomados, cursos, foros, conferencias, reuniones, intercambios de experiencias, etcétera.

   A través de este proceso se formaron promotores (deportivos, de paz, infantiles, juveniles, etc.) con la combinación de componentes teóricos y el acompañamiento en la planeación y el desarrollo corresponsable de proyectos reales ejecutados en la comunidad, de tal manera que teoría y práctica se fueran imbricando y retroalimentando.

    Los espacios formativos no se limitaron al aula, también se consideraron procesos más abiertos, como reuniones de recuperación de la memoria oral, actividades de los grupos de justicia restaurativa,

68Programa de fortalecimiento del tejido social y seguridad ciudadana: Casa Ernesto Meneses
   Lorena Álvarez Moreno. Didac 67 (2016): 67-73

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