Literatura Mexicana y Sociedad | Examen |

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Ladridos, astros, agonías

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   VÍCTOR JIMÉNEZ  
Arquitecto por la UNAM, donde ha sido profesor de Historia de la Arquitectura. Autor de libros y artículos sobre el tema, entre ellos Inquisición y arquitectura (2009). Ha restaurado las casas de Diego Rivera y Frida Kahlo, de Juan O’Gorman, y el Museo Experimental El Eco, de Mathias Goeritz, así como la casa O’Gorman de 1929. Desde 1998 es director de la Fundación Juan Rulfo, siendo autor de numerosos textos sobre el escritor y fotógrafo mexicano, como la Introducción a Juan Rulfo, letras e imágenes y los ensayos “Palabra llana y poesía en Rulfo” y “Una estrella para la muerte y la vida". El presente ensayo es la introducción de su más reciente libro Ladridos, astros, agonías. Rilke y Broch en el lector Rulfo (RM, 2017), que reproducimos en IBERO y agradecemos a su autor.

 

En un breve ensayo de Hannah Arendt1 dedicado a la obra de Hermann Broch (tanto la trilogía Los sonámbulos como La muerte de Virgilio) se puede leer algo muy sugerente si uno piensa, como fue el caso de quien esto escribe, en Juan Rulfo. Dice Arendt, por ejemplo, sobre La muerte de Virgilio: “Del lector se espera que […] lea la novela como si se tratase de un poema”2. También consideraba la filósofa de lengua alemana que con esta novela Broch logró que “aquellos elementos puramente artísticos que habían otorgado a la novela tradicional la validez literaria, la pasión lírica y la transformación de la realidad a través de lo universal, se emancipasen de lo puramente informativo y encontraran una forma nueva y válida”3. Me pareció lícito4 pensar que Juan Rulfo, alguien de tantas lecturas, se hubiese acercado a La muerte de Virgilio, aparecida en Estados Unidos en 1945 en alemán e inglés, y en español en Buenos Aires en fecha tan temprana como 1946, en traducción de Arístides Gregori5.

   Bien: esta edición se conserva en la biblioteca de Juan Rulfo y fue muy cuidadosamente leída por él, como lo testimonia la primera de sus cuatro partes, que muestra numerosas marcas al margen, a lápiz, de la mano de Rulfo, algo que no se ve muy frecuentemente en sus libros6, que leía y conservaba con gran cuidado. El resto de la novela, conviene agregar, remite aun sin estas marcas a no pocos temas presentes en la obra del autor mexicano. Son incontables, por lo demás, los títulos pertenecientes a su biblioteca (de unos 15 mil volúmenes) que, sin este tipo de señales, fueron igualmente objeto de su atenta lectura, por lo que los indicios que debemos buscar son más indirectos. Voy a desarrollar un análisis sobre la presencia, en mi opinión muy importante, de La muerte de Virgilio en 

 

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ciertos cuentos de El Llano en llamas y en Pedro Páramo, pero antes de abordar a Broch me extenderé sobre otro título de su biblioteca, ahora de Rainer Maria Rilke (se trata de dos traducciones de Die Weise von Liebe und Tod des Cornets Christoph Rilke), que habría dejado una significativa huella en su obra. El rastreo de estas señales exige herramientas diferentes que en el caso de Broch. Sólo señalo ahora que José Miguel Barajas ha sido el primero en ocuparse de la presencia de este poema de Rilke en la obra de Rulfo.

 
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