Literatura Mexicana y Sociedad | Examen |

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Periodismo en la literatura y literatura en el periodismo

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   FEDERICO MASTROGIOVANNI   
Nacido en Roma, Italia, en 1979, es periodista, fotorreportero y realizador de documentales. Desde 2009 vive en México. Cursó la carrera de sociología en La Sapienza de Roma y estudió una maestría en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Ha trabajado en Radio France Internationale, Milenio Semanal y otros reconocidos medios. Es reportero en Loop y Gatopardo, así como corresponsal en México para los diarios italianos Il Fatto Quotidiano y Opera Mundi. En 2015 ganó el Premio PEN al Mejor Libro de Periodismo por Ni vivos ni muertos (Grijalbo, 2014). Actualmente es coordinador del Programa Prensa y Democracia (PRENDE) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. @Fedemast

 

La dicotomía entre ficción y no ficción es un tema que recorre toda la historia de la literatura occidental. Ya en El arte poética, Aristóteles planteaba una diferencia sustancial entre la historia y la poesía. Para el filósofo griego, la diferencia no está en que el historiador se expresa en prosa mientras el poeta lo hace en verso, sino en que el historiador expone “eventos reales” y el poeta “aquellos hechos que pueden ocurrir”. Por supuesto, según Aristóteles la poesía es una actividad teorética y más elevada que la historia, porque la poesía expone una “visión de lo general” mientras la historia, de lo particular, donde por “general” se entiende “a qué tipo de persona le toca decir o hacer qué tipos de cosas, según lo verosímil o lo necesario”, mientras la historia relata lo que alguien hizo o padeció. Desde el siglo IV antes de Cristo la discusión se ha mantenido viva, tanto que hoy sigue siendo un tema de actualidad la relación entre relatos de ficción y de no-ficción: la eterna lucha entre periodismo y literatura.

El pacto de lectura

Uno de los puntos principales cuando no se entiende la relevancia de la línea entre ficción y no ficción es que la relación entre los periodistas, o en general

 

los narradores de no-ficción, con su lector, se rige a través de un pacto de lectura que es muy diferente al pacto que tiene un novelista de ficción.

La ficción se basa en la verosimilitud: la historia de ficción tiene que ser antes que todo creíble, y por supuesto tener una coherencia interna. No hay ningún problema si no es verídica la historia, porque el escritor de ficción es dios: él lo decide todo. Lo que importa es la coherencia interna, porque si no hay coherencia interna no funciona la narración.

Ahora: ¿qué pasa con los trabajos de no ficción? La no ficción también necesita ser verosímil porque cualquier historia tiene que serlo para poder funcionar, pero, además de eso, tiene que ser verídica. Así que el pacto que tiene un autor de no ficción con el lector es doble. Es un pacto de verosimilitud y veracidad. Y aquí es donde empiezan los problemas. Si se plantea esta relación y este pacto con lector, el hecho de traicionar este pacto repercute negativamente en la credibilidad del autor. Y la credibilidad no se recupera. Una vez que un periodista pierde su credibilidad, lo pierde todo.

Los periodistas pueden cometer imprecisiones, en la investigación, en la narración y esto, si bien no es lo deseable, podría llegar a ser aceptado por el lector. Lo que no puede hacer un periodista es inventar sabiendo que está inventando. Esto no es un error, es una trampa y es una traición al pacto de lectura.

 
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