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La maestría poética de Coral Bracho

Juan Domingo Argüelles

“(Intuiciones)” forma parte del más reciente libro de Coral Bracho (1951), Debe ser un malentendido (Ediciones Era, México, 2018), un excelente poemario que aborda el Alzheimer consiguiendo, como bien afirman sus editores, “un libro memorable sobre la desmemoria”.

  En ese universo y tiempo dislocados de la enfermedad, Coral Bracho observa y registra los momentos de un personaje (o más exactamente de una persona) que encuentra sentido, asidero, en algunos momentos que escapan al estupor y al vacío, “como un oleaje en el fulgor del aire”.

  Debe ser un malentendido es un libro estremecedor y una obra maestra de quien antes nos ha entregado algunos de los más espléndidos títulos de la poesía mexicana contemporánea, entre ellos Peces de piel fugaz, El ser que va a morir, Bajo el destello líquido, La voluntad del ámbar, Ese espacio, ese jardín, Cuarto de hotel, Si ríe el emperador y Marfa, Texas. Recientemente, también, Ediciones Era publicó su Poesía reunida, 1977-2018, que reafirma a Coral Bracho como una de las voces poéticas más significativas y originales.

 En 2015, en colaboración con Vicente Rojo, publicó Zarpa el circo (Era/El Colegio Nacional), un hermoso poema ilustrado en perfecto dominio de equilibrio y armonía, donde la palabra más que describir, actúa: “Un espejo/ de estruendo/ entre cristales/ alza/ el tambor,/ un andamio (de lumbre), un reverbero/ y el pulsante temor, el cielo arcano/ que suspende el aliento y, de su cima,/ lanza, entre arena y mar, trapecios y astros”.

 Desde sus primeros libros (Peces de piel fugaz y El ser que va a morir), Coral Bracho dio muestras de un nuevo trato con la palabra y de una poesía personalísima donde emoción e inteligencia se concentran en artefactos verbales que nos invitan no sólo a leer, sino también a mirar y a mirarnos, a observar nuestros actos, nuestras reacciones, nuestras formas de estar en el mundo. Ha escrito: “De polvo de estrellas/ estamos hechos. De la materia/ del corazón/ de alguna estrella, ya dispersa en el cosmos/ y aún viva en la memoria de su viaje de luz”.

  Cada poema y cada libro de Coral Bracho constituyen un viaje al asombro de lo que puede decir y

 

significar la palabra. Y lo que tiene que expresar Coral Bracho lo hace siempre con su poesía. En vano buscarán los lectores justificaciones o “explicaciones”, de
su parte, al margen del poema. Todo está en su poesía: pensado íntimamente y con voz leve, dicho y hecho, y sin un solo grito. No hay en su poesía declamación ninguna. Todo está dicho con transparencia, con esa difícil transparencia que es ejercicio, siempre, de mayor dificultad que la oscuridad artificial de la palabra. Ser claro y preciso obliga a trabajar mucho más que ser oscuro e inextricable. Lo que Coral Bracho ve, nos lo muestra con un prodigio de levedad en donde no tiene cabida el grito: “Más que cantar,/ este pájaro insiste,/ alega e insiste, con una frase/ tajante y tensa/ que sin respiro repite y suelta/ una vez,/ y otra vez,/ y otras,/ mientras se aleja”.

   Ritmo, música, equilibrio y diafanidad de emoción y pensamiento caracterizan la maestría poética de Coral Bracho, una de nuestras voces poéticas más importantes, merecedora, entre otros destacados reconocimientos, del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, por El ser que va a morir, y el Premio Xavier Villaurrutia (2003), por Ese espacio, ese jardín. Igualmente, por su trayectoria literaria, el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines-Gatien Lapointe, y el Premio Internacional de Poesía Zacatecas.

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