latinex

Página 7 de 61

8_ibero59__literatura.JPG

Leer para cuestionar

Respondo volviendo a la frase de Pound. Si el idioma puede cargarse de significado es porque tiende a descargarse.
En palabras del escritor israelí David Grossman, “el lenguaje con el que los ciudadanos de un conflicto sostenido describen su predicamento se vuelve progresivamente hueco cuanto más perdure la situación. Poco a poco, el lenguaje se convierte en una secuencia de clichés y eslóganes. Todo comienza con el lenguaje creado por las instituciones que administran el conflicto de manera directa, el ejército, la policía, los diferentes ministerios del gobierno, rápidamente el fenómeno se filtra a través de los medios de comunicación masiva que informan sobre el conflicto y que engendran un lenguaje aún más taimado, dirigido a narrar a su público la historia más fácil de digerir, finalmente, todo se cuela al lenguaje
privado, íntimo, de los ciudadanos del conflicto aunque
ellos lo nieguen”2.

  El conflicto al que alude Grossman no se refiere tan sólo al que llega a las primeras planas de los periódicos. Todos tenemos una “situación” propia, explica Grossman, una trampa que podría arrebatarnos nuestro lenguaje privado –nuestra voz– hasta convertirnos en víctimas de
los múltiples discursos oficiales que intentan esclavizarnos.
Y son los poetas, narradores y dramaturgos quienes se especializan en demoler esos discursos oficiales. Lo hacen, justamente, cargando el lenguaje, reinventándolo. Esta invención se lleva a cabo mediante ciertas prácticas lingüísticas que desestabilizan el lenguaje, permitiendo la apertura de nuevas posibilidades para sentir, pensar o significar. Por eso, volviendo a Pound, la función de la literatura tiene que ver con “la solidez y la validez de las palabras”, con “mantener limpias las herramientas del pensamiento”3.

No me atrevería a decir que “leer más” equivale a “pensar más”. A la vez, sostengo que el estudio de las letras puede inocularnos contra el lenguaje hueco y taimado descrito por Grossman. Al menos nos hace lidiar con otro tipo de operaciones lingüísticas: las que intentan
dar cuenta de algo parecido a la verdad, generalmente
de manera balbuceante, elíptica, fragmentaria o cifrada,
pero precisa y rigurosa en su búsqueda. Y al estudiar organizaciones

 

organizaciones verbales que desestabilizan las convenciones previamente pactadas de lo legible, el estudiante de letras se prepara para enfrentar críticamente otros lenguajes, otros discursos, otras convenciones de legibilidad. (Dato nerd: la palabra inteligencia viene del latín intelligentia, que contiene el prefijo “inter”, entre, y el verbo “legere”, leer. Etimológicamente, ser inteligente es: saber leer, pero “leer-entre”, leer entre líneas, ir más allá).

Leer para actuar

Admito que todo lo anterior puede sonar a “ratones de biblioteca discutiendo si las mujeres pueden (o no) ser como hojas que encienden árboles en otoño”. Para salir del embrollo recurro a los antiguos griegos, quienes señalaron que una de las funciones de la poesía es “conmover”. Este verbo no se limita a definir la agitación de los sentimientos. Significa “mover-con”, poner en movimiento. Así, la literatura transmite una carga emocional, una fuerza que es “nutrición de impulso”4. Y esa fuerza se traduce en acciones. La singularidad de la literatura, explica el crítico Derek Attridge, consiste en una reorganización que introduce nuevas perspectivas, pone en marcha nuevos códigos, transforma su contexto y sigue transformando

9_ibero59__literatura.JPG

 
Página 7 de 61
Comentarios