latinex

Página 52 de 61

81_ibero59__literatura.JPG

el servicio cultural más cercano para la mayoría de las personas; de hecho, en muchos de los más de dos mil 450 municipios de México no existe ningún otro servicio cultural aparte de la biblioteca. En el país tenemos, en promedio, tres bibliotecas públicas por municipio; ahí donde no hay un museo, una librería, un centro cultural, una galería, un cine o un auditorio, está presente al menos una biblioteca pública. En esas comunidades las bibliotecas brindan experiencias alternativas a las que ofrecen los otros espacios culturales; suelen ser el primer contacto de niños y jóvenes con las colecciones de los museos, con los monumentos históricos, los sitios arqueológicos, los foros artísticos, a través del libro, el audio, el video y, ahora, internet. Una biblioteca no sólo es un centro de lectura, sino una sala de cine o de música en potencia, una ventana a los museos, a las fonotecas y fototecas, a los archivos: un espacio de iniciación a los otros recintos, un verdadero centro cultural. En este sentido, es una infraestructura neurálgica para el país.

LA INCLINACIÓN POR LA LECTURA Y EL GUSTO POR LOS LIBROS

Proveniente de una familia de ingenieros, Jorge von Ziegler pensaba que su destino era estudiar arquitectura o alguna ingeniería. “De hecho en el sexto año de la preparatoria elegí el área de físico-matemáticas. No tenía problemas con los números, pero tampoco una auténtica vocación hacia las ciencias o las carreras técnicas; entonces al final de cuentas me decidí por las letras, venció mi pasión por los libros y la lectura”.

 

¿Cuándo decidió estudiar letras?
Siempre tuve inclinación por la lectura y el gusto por los libros. Desde muy joven empecé a escribir, a tratar de imitar lo que leía, pero la decisión de inscribirme a la carrera de literatura casi fue hasta el momento mismo de ingresar a la Universidad.


¿Por qué eligió la Ibero?
La conocía porque en ella estudiaba Ingeniería Civil mi hermano mayor, así que fue la primera opción que consideré. Revisé sus carreras y planes de estudio; me gustaron su ambiente y lo que sabía de sus sistemas de enseñanza. También fue decisivo que en aquellos años era considerada por muchos la universidad de más alto nivel académico del país, lo que pesaba mucho para mi familia.


¿Qué profesores le dejaron huella?
Podría mencionar a varios, pero si tuviera que limitarme a uno, recordaría a Huberto Batis, escritor, editor, periodista literario y un profesor bastante atípico, de esos que nos descubren mundos y visiones de la profesión que aspiramos a ejercer un día. Batis fue mi maestro de Teoría Literaria y a quien pedí que fuera mi tutor académico, requisito que entonces nos fijaba el Departamento de Letras. Era un maestro impredecible que no podía causar reacciones neutras: sus alumnos se dividían entre la devoción y la intimidación. Disperso y azaroso, le bastaban unos cuantos momentos intensos y brillantes para decidir la vocación de cualquiera y su entrega duradera a ciertas obras, ideas y autores. A mí, entre otras cosas, me hizo

 
Página 52 de 61
Comentarios