Literatura Mexicana y Sociedad | Examen |

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Voces de la nueva literatura indígena

obras importantes en las que los autores “retratan” la vida de los pueblos indígenas: su pobreza, su analfabetismo, la insalubridad y la marginación y explotación en que viven, pero también sus valores ancestrales, su cosmovisión y su arte. La novela El indio, de Gregorio López y Fuentes, El resplandor, de Mauricio Magdaleno, y Canek, de Ermilo Abreu Gómez, son las obras literarias del primer tercio del siglo XX que nos hablan de nuestros pueblos desde una mirada externa y escrita en español por escritores que no forman parte de los pueblos y comunidades indígenas.


   Años más tarde, a mediados del siglo pasado, surgen otros escritores indigenistas entre los que pueden mencionarse a Rosario Castellanos con su obra Balún Canán, El diosero de Francisco Rojas González, Los indios de México, de Fernando Benítez, y Ricardo Pozas con su obra Juan Pérez Jolote, continúan mostrando al otro México: su forma de ser y de pensar de los pueblos originarios, fundadores de la nación mexicana que hoy tenemos. Ya para finales del siglo XX otros escritores cierran el ciclo de la literatura indigenista, entre ellos pueden mencionarse a Eraclio Zepeda, con los libros de relatos Benzulul y Andando el tiempo, y Jesús Morales Bermúdez con su novela Ceremonial, entre otros.

  En la poesía, Roberto Peredo, a finales del siglo XX, escribió La nueva crónica Mexicayotl que consiste en un poemario bilingüe (náhuatl-español) de largo aliento como resultado de una crisis de identidad que, afortunadamente, con su obra logró expulsar los “demonios” que solían preguntarle: quién era él dentro de la sociedad mestiza que le ha tocado vivir. Así logró crear una pieza literaria que, a mi juicio, anuncia el advenimiento de una nación mexicana incluyente de las diversas lenguas que interpelan a la nación mexicana moderna, a través de la literatura. Leamos un fragmento que nos regala el poeta veracruzano:7

 

Nochi pejki ika ni chiyalistli
ne Astlantlali, achtoui ke ni kauitl,
Tlakaelel kimati
ax elki se atemiktli
yon se koatemiktli
tlen techtlalik pan ojtli
Ya kimati.

Nochi pejki ika mayantli
pan ni ouij uejueyaktlalmej
achtoui
ken nochi tlajtoli
uan nochi pechtemiktli.

Nochi pejki pan se tonati
ken tijnejkej titlakuasej

 

tlen achi tlapialmej mokajtoya
yajkej sejkanok tlali,
yolik,
techcholouiliyajkej.

Nochi pejki ika ni chiyalistli,
ne Astlantlali, achtoui ke ni kauitl.

Todo comenzó con la esperanza,
en Aztlán, antes de los tiempos,
pero Tlacaélel sabe
que no fue un sueño de agua
y de serpientes
lo que nos puso en el camino.

Él lo sabe.
Todo comenzó con el hambre
en las duras tierras largas
antes
de todo lenguaje
y de toda pesadilla.

Todo comenzó un día en que
quisimos comer
pero los pocos animales que quedaban
se habían ido hacia otro lugar,
despacio,
huyendo de nosotros.

Todo comenzó con la esperanza,
allá en Aztlán, antes de los tiempos.

 

Este rápido recuento sobre la literatura indigenista del siglo XX es tan sólo un pequeño atisbo de la riqueza literaria que aportaron los “no indígenas” acerca de los indígenas, a través de la literatura conocida como indigenista.

3. Voces contemporáneas: los nuevos escritores indígenas

Carlos Montemayor dejó afirmado, en el último tramo de su vida, que uno de los fenómenos sociales más importantes de finales del siglo XX es el surgimiento de las voces de los escritores en lenguas indígenas. “De aquí en adelante —dijo— ya no serán los académicos, ni los indigenistas, quienes nos digan: quiénes son, cómo viven, qué piensan, cuáles son sus problemas, sus éxitos, sus fracasos y sus aspiraciones. Serán ellos mismos, los escritores en lenguas indígenas, los que interpelen y dialoguen con la sociedad mestiza hispanohablante para que digan qué quieren los pueblos
indígenas y cómo desean participar en el conjunto
de la nación mexicana pluricultural e incluyente”.

 
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