Literatura Mexicana y Sociedad | Examen |

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Literatura y sociedad

“Soy el enfermo número uno de ese hospital
de locos que es mi casa Yásnaia Poliana.
Temperamento sanguíneo. Categoría de los
locos tranquilos. Mi locura consiste en creer
que puedo cambiar la vida de los demás sólo
con palabras”.


LEÓN TOLSTOI,
Diario.

Sin detenernos en las propuestas del realismo socialista soviético, y continuando en la línea de la función social de la literatura, podemos regresar a escritores realistas de la segunda mitad del siglo XIX, quienes se concentran en la descripción detallada del mundo social burgués, pero hacen una crítica severa contra éste, a pesar de pertenecer ellos mismos a esa sociedad, participar de y en ella. Sociedad llena de contrastes, de desigualdades económicas y de clase, en la que se enfrentan la aristocracia, la burguesía, la clase media, el pueblo pobre y marginado. Y esos escritores a los que me refiero son, nada más y nada menos, Stendhal, Balzac, Flaubert, Tolstoi, Dostoievski, Zola, entre otros. A todos ellos los reconoce por esas cualidades el máximo teórico y crítico marxista: Georg Lukács. No obstante, debemos subrayar el hecho de que, a pesar de esa capacidad de denuncia de índole social, esos autores jamás dejaron de lado, por el contrario, la dimensión literaria. Esto es, siempre el posicionamiento en primer plano de un lenguaje literario que, por “realista” que fuera, se valía de estrategias y recursos retóricos, poéticos. Hecho que lo diferenciaba del lenguaje coloquial e iba creando mundos posibles a pesar de su clara referencialidad a la realidad y la búsqueda del mayor apego a ésta, contrariamente a lo que se pretendía con la literatura soviético-socialista. Así, tales mundos posibles que tenían un referente real, mas no eran la realidad, y gracias a su naturaleza ficcional, esto es configurada, llegaron a ser mucho más ricos que la realidad misma (si es que podemos hablar en estos términos de “la realidad”). En una novela, en un cuento y hasta en un poema, habrá siempre tal referencialidad, ya que en nuestro imaginario subyace un mundo tradicional, mítico, no sólo temática sino estructuralmente, que se ha difundido por medio de la literatura, ahora también por el cine, por las series, y aunque actualmente menos, por la televisión. Los personajes, las acciones que realizan o sus funciones tienen características animales o humanas con referentes “reales”, ya que forman parte de una

 

realidad configurada mítica o literariamente desde los relatos fundantes de la humanidad.

  Entonces, ¿cómo separar la literatura con sus mundos de ficción que abrevan en las sociedades de las distintas épocas y en la sedimentación que en estas queda frente a la que se ejerce la innovación? ¿Cómo ignorar que tanto el escritor/a como el lector/a son seres sociales que viven, se desempeñan en determinados contextos conformados por sistemas de sentido dominantes: políticos, sociales, religiosos, artísticos, económicos, culturales en una palabra? ¿Cómo poder separar los textos literarios de sus autores y receptores, quienes actúan en contra o en favor desde perspectivas que esos sistemas de sentido les imponen y desde donde ellos escriben?

  Si leemos narrativa mexicana actual escrita por autoras y autores, encontramos temáticas recurrentes en esos mundos de ficción cuyos referentes reales están a la vista: violencia, narcotráfico, feminicidios, criminalidad, diferentes modalidades de elección en el ejercicio de la sexualidad, los contrastes entre clases sociales, el deterioro ecológico, la política, la detentación del poder por unos cuantos… Sí, temáticas que refiguran aspectos amenazantes y otros no, de la realidad, denuncias, puestas de manifiesto, crítica social, pero la manera como se configuran esos mundos, a partir de la ficcionalidad: personajes, ambientes, la temporalidad, las estructuras de las obras, es lo que las distingue. Dicho de otra manera: la capacidad creadora, imaginativa y diestra en el manejo del lenguaje poético. Por tanto, separar o pretender que haya una distancia entre la literatura y la sociedad, cualquiera que sea esa “sociedad”, resulta imposible.

   En nuestro caso, es evidente que la literatura también se relaciona con la política mundial: la globalización, el neoliberalismo, los regímenes totalitarios de derecha o de izquierda, e incluso, mediante la traducción, con mundos extraños para nosotros y viceversa, como los orientales: japoneses, chinos, coreanos, de la India… O, por el contrario, concepciones del mundo, tradiciones, mitos, usos y costumbres de pueblos indígenas de nuestro país y/o de otros de Latinoamérica.

  Sería imposible obviar la relación literatura y sociedad, como antes se advertía, ya que, de hacerlo, no existiría la literatura como quizá tampoco “la sociedad”, pues lo que no se cuenta, no existe. José Saramago, el escritor portugués, ganador del Premio Nobel, parafraseando a Pessoa, ese otro enorme escritor portugués, afirmaba: “somos cuentos, contando cuentos, puros cuentos”. Sin literatura sería imposible saber del mundo, de los diferentes mundos, de posibles mundos y, por consecuencia, del gran número de sociedades a las que nos podemos referir.

 
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