latinex

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ser “letrólogo/a” tiene sus ventajas. Para muestra, un botón: hoy diseño la personalidad de Cortana, la asistente virtual de Microsoft. Antes de que internet se volviera omnipotente y omnipresente, mis estudios literarios me capacitaron para crear un personaje (léase, un efecto especial hecho de palabras) que hoy “vive” en millones de dispositivos electrónicos e interactúa con seres de carne y hueso. Formo parte de un equipo internacional integrado por novelistas, guionistas, editores, poetas,

 

académicos e investigadores que hacen lo mismo que yo, pero en Estados Unidos, Canadá, Japón, Brasil, India, China, Francia, España, Australia, Italia y Alemania. Lo que tenemos en común –además de vivir en nuestro propio episodio de Black Mirror y contribuir a que las inteligencias artificiales se vuelvan más humanas– es que todos estudiamos Letras. Y para responder a la segunda pregunta que me plantearon hace tres décadas: no, no morimos de hambre.

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1 Pound, Ezra, El arte de la poesía, Joaquín Mortiz, México, 1970.

2 Grossman, David, “Yo escribo”, Letras Libres, junio de 2008: 71-73.

3 Pound, Ezra, op. cit.

4 Ibíd.

5 Attridge, Derek, La singularidad de la literatura, traducción de María Jesús López Sánchez-Vizcaíno, Abada Editores, Madrid, 2011.

6 Schaeffler, Jean Marie, Pequeña ecología de los estudios literarios: ¿cuándo y por qué estudiar la literatura?, Fondo de Cultura Económica, México, 2014.

7 Culler, Jonathan, “The Most Interesting Thing in the World”, en Diacritics, volumen 38, núm. 1 y 2, primavera-verano de 2008, Baltimore, John
Hopkins University Press, pp. 7-16.

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