latinex

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pero sin participar de los mismos espacios. Por eso considero que no debemos desbordar el canon, hay que dinamitarlo sin miedo a la radicalización para replantear y construir una historia con las narrativas y las realidades que hemos ignorado. Preguntarnos qué leemos y desde qué lugar de nuestra historia particular lo leemos para poder descolonizarnos como lectores, como investigadores o simplemente como reproductores de opresión.

1 Escalante Gonzalbo, Fernando, “Extraños números”,
La Razón, 26 de septiembre de 2010.

2 La invitación de Aguilar Camín a estas 23 mujeres era
escribir un texto basado en las siguientes preguntas: “¿Qué te gusta o disgusta de las mujeres y de los hombres?, ¿Qué odias del machismo o del feminismo?, ¿Ser mujer te ha dañado o favorecido en tu vida profesional, política, amistosa, amorosa?, ¿Qué “caída de veinte” sobre el hecho de ser mujer recuerdas con agrado o desagrado?, ¿Qué es lo que más te pesa o lo que más disfrutas de tu condición de mujer?”, en Lamas, Marta, “Sólo mujeres”, Nexos, 1 de abril de 2011.

3 Escritoras del norte de México. Consultado el 26 de septiembre de 2013 [fuera de línea]. http://www. escritorasdelnorte.org.mx.

4 En los números 184, 185 y 186 aparecen, excepcionalmente, mujeres de distintos ámbitos del arte en portada. Desde el número anterior aparece un cambio editorial (presentación, formato, etcétera) que durará sólo esos 4 números. En el 185 aparece la escritora Mónica Brozon, a propósito de la literatura infantil.

5 Artículo 5, apartado VII: “Transversalidad. Es el proceso que permite garantizar la incorporación de la perspectiva de género con el objetivo de valorar las implicaciones que tiene para las mujeres y los hombres cualquier acción que se programe, tratándose de legislación, políticas públicas, actividades administrativas, económicas y culturales en las instituciones públicas y privadas”.

 

Hacia el cuento futuro

En “La mujer de 1935”, Tita Vasconcelos de Berges (Homeopatía, Cvltvra, México, 1937, p. 272) dijo: “Aquí entre nos, las escritoras mexicanas estamos en el vientre de la literatura”. Al menos para la publicación del cuento,
que estaba tomando impulso en las primeras tres décadas del siglo XX, los años siguientes, los 40, fueron un páramo.
En la medida que las mujeres ocuparon espacios del ámbito público se visibiliza más su participación en la literatura, lo que se verá reflejado en las décadas de los 50, 60 y 70, sobre todo con aquellas que se vincularon con las actividades de la Universidad Nacional Autónoma de México y de diversos grupos que provocaron un auge cultural. El boom editorial de los años 80 creó un doble efecto, dio los reflectores a unas cuantas mujeres, pero luego les colocó una etiqueta como un producto hecho en serie con fecha de expiración. Aun así, en los 90, con el “efecto llamada” en combinación con el inicio de políticas que descentralizaron parcialmente la cultura y los estímulos económicos a la creación provocaron un incremento tres veces mayor de publicaciones con respecto de los años del boom. Estos números, los más altos de todo el siglo, se mantuvieron estables en las primeras dos décadas del XXI. Hay todavía muchas cuentas que saldar, una de ellas es la completa descentralización de recursos y esfuerzos en las prácticas culturales para una verdadera igualdad de oportunidades que no fuerce las migraciones a la capital del país. Así como un genuino interés político y social por proporcionar un ambiente cultural en el que las mujeres queden debidamente representadas más allá de la anecdótica cuota de género. Una vez roto este techo de cristal, la producción del cuento escrito por mujeres en México, que está en un momento de gran vitalidad, estará a la par en número que el cuento escrito por hombres. Quizá así podamos trazar un nuevo mapa literario, uno más rico en visiones e incluyente.


LILIANA PEDROZA,
Historia secreta del cuento mexicano, Universidad
Autónoma de Nuevo León, Monterrey, 2018.

 
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